jueves, 15 de marzo de 2018

Nuestra Señora de la Amargura. C/ Cánovas del Castillo (José Vicente Vivo) por Ricardo Caballero Pérez y José Vicente Vivo.


Que me puede transmitir esta marcha, mucha sentimiento y emoción, pues es una marcha que he visto su evolución. Para mi no es una marcha cualquiera, es MI marcha, mi marcha porque cada vez que la escucha me traslada a la calle Cánovas del castillo y veo a esta madre en su amargura entrando para llegar a su casa, a la casa museo, se acaba el viernes santo, cristo está muerto y ya está en su sepulcro que viene por detrás en su cama tan bonita. 
Me viene a la mente el año de su estreno en el pregón 2013, gracias a mi amigo José Ángel por permitirme introducir la marcha ese año.  Acompañado del compositor, y su familia, muy nerviosos todos, pues era el estreno de la marcha en sí, las manos me sudaban y comenzó a sonar, miré a mi amigo José y le dije gracias por crear esta maravilla. Llego el viernes santo con la entrada de la Amargura y empezó a sonar la marcha por la Calle del Barco para acabar en Cánovas del Castillo, y cada vez que la escucho me traslada a esos dos momentos. Siempre estaré agradecido a mi amigo, por esta bella composición. GRACIAS

 Es una marcha que transmite muchas emociones pues tiene pasajes para todo, como nos comenta su compositor a continuación, José Vicente Vivo nos escribe sobre la marcha este es su escrito:

“Nuestra Señora de la Amargura” es una marcha de procesión dedicada a la Cofradía de la Santa Verónica de Cieza y a su bella imagen, creada por Francisco Romero Zafra en 2009 y que da nombre al título.

A su vez, va dedicada a Mariano Caballero López, uno de los miembros de la directiva desde 1995 hasta 2004 y padre de Ricardo Caballero Pérez, la persona encargada de impulsar esta ilusión.

La marcha, con un tempo que favorece un paso tranquilo y pausado, comienza con tres notas que van desarrollándose y desplegándose en una melodía noble y sincera que describe el rostro de la imagen.

Dichas notas conducen el discurso melódico hacia un momento enérgico y firme, recuerdo de la valentía y coraje de su hijo, Jesús. Una ilusión fugaz que se desvanece volviendo a la más cruel realidad.

La segunda parte de la marcha se desarrolla con una elegante melodía que reposa en notas de larga duración, donde la armonía y contrapunto se pasean entre ellas creando breves disonancias que se resuelven provocando un pequeño juego de tensión-relajación. Un discurso manso y sereno que, a pesar del dolor y sufrimiento por la muerte de su hijo, conforta y ampara su alma sabiendo que siempre vivirá en su recuerdo.

Aún así, el instante en el que un quinteto de metales (trompetas, trompa, trombón y tuba) se cruzan sus melodías iniciadas con las tres notas del inicio se insinúa que todavía queda esa retentiva al dolor y sufrimiento.


© 2013 | www.josevivo.es



jueves, 8 de marzo de 2018

Nuestro Padre Jesús (Emilio Cebrián) - Esquina del convento por Antonio Jesús Hernández Alba


Multitud son las marchas que, desde que la primera banda de música acompañó a un paso en Semana Santa, se han compuesto para acompañar nuestras procesiones. Para que el lector se haga una idea, la base de datos de la plataforma “Patrimonio Musical” tiene recogidas unas 5.218 obras (incluyendo marchas originales para banda de música, adaptaciones y arreglos), todas ellas realizadas entre 1860 aproximadamente hasta el día de hoy. Sin embargo, en ese maremágnum musical, enclaustrado en las cinco líneas del pentagrama y escrito con sangre directamente del corazón, son pocas las marchas que han llegado al “Olimpo”, perdurando en la memoria del procesionista durante décadas.

Estas pocas escogidas, esos pilares fundamentales de la música procesional, son esas marchas que es difícil encasillar en un estilo o zona geográfica, pues son ya patrimonio de todos los cofrades, sin tener en cuenta nacionalidad o cofradía. Tanto es que, aunque a veces parecen eclipsadas por las modas que van surgiendo, se mantienen inalterables e inalteradas a través de los años. Incluso podríamos llegar a decir que sin sus acordes no sería Semana Santa.

En esta quinta cuaresma que escribo para este blog, quiero cambiar la tónica de mis artículos. No hablaré (casi) de sentimientos. Hablaré de una marcha y un lugar que parecen hechos la una para el otro, recuperando el espíritu de la idea original de este blog. También saldré en defensa de esas marchas que poco a poco van cayendo en el olvido y, sin embargo, bajo mi punto de vista, la Semana Santa sería menos Semana Santa sin ellas. Por eso comenzaba hablando de las grandes marchas de todos los tiempos, las altamente laureadas y, por el continuo uso, casi desgastadas y poco a poco descatalogadas. Virgen del Valle, Cordero de Dios, El Héroe Muerto… todas ellas forman parte del listado de peligro de extinción (prueba de ello es que, en este blog, nunca se ha hablado de éstas), pero no son estas las elegidas para hablar en esta ocasión (de la cual tampoco se ha hablado nunca en este foro).

La marcha de la que vengo a disertar es el himno del Viernes Santo en la Mañana, el canto de una corneta hecho partitura, el Vía-Crucis convertido en música. Tan sólo escuchar su primer acorde, la realidad se desvanece en nuestra consciencia y la mente nos transporta a la Mañana de las Mañanas: a la Procesión del Penitente, con la dorada Cruz del Nazareno reluciendo al Sol pasional. “Nuestro Padre Jesús” de Emilio Cebrián.
Marcha sobre motivos andaluces indica el autor bajo el título, dedicado a Nuestro Padre Jesús Nazareno “El Abuelo”, Señor de la Madrugá Jiennense. Y no miente. Los motivos melódicos, las armonías, toda la marcha respira esencia andaluza, hasta el punto de incluir parte del “Himno a Jaén” (obra del mismo Cebrián) como contracanto al trío. Sin embargo, hace mucho que dejó de ser patrimonio exclusivo de Jaén, que en la noche del Jueves al Viernes Santo late a su son, para convertirse en la perfecta descripción musical de Jesús con la Cruz a Cuestas, sin importar el lugar por el que camine.
Es esta una composición llena de fuerza, que describe el pesado caminar del Nazareno bajo el peso de la Cruz, con el asfixiante sol de la mañana primaveral que lo vio morir. Su tutti central es una de esas bandas sonoras antológicas que todo cofrade sabe tararear. El potente uso de los metales, combinado con las delicadas intervenciones de las maderas la convierten en un modelo a seguir por cualquier compositor cofrade que se precie. Todo ello, en nuestra ciudad de Cieza, sólo puede tener un escenario. Debe sonar en un lugar donde la tradición y la modernidad se fundan, un lugar con una larga historia a sus espaldas y con mucha historia por escribir, no tan cerca del arranque de la carrera para no hacerla pesada prematuramente y no tan avanzado el recorrido que el cansancio haga insoportable el peso añadido de esta marcha. Además, debe ser un lugar amplio, que pueda albergar toda la intensidad de la obra y donde luzca el sol con fuerza, para recalcar más su sentido. Sólo hay un lugar que cumpla todos estos requisitos: la Esquina del Convento.

Para mí, escuchar esta marcha significa volver a la niñez, a aquella época en que el sonido de las puertas de persiana de “La Cochera” hacía que saltara del sofá para plantarme en la calle Cánovas del Castillo; a esa época en que, sin móviles ni internet, había que hacer copias de las cintas de casette de marchas y de las grabaciones del Telered para no destrozarlas al rebobinarlas mil veces; a esa época en que el repertorio musical se reducía a las composiciones de Gómez Villa la noche de Miércoles Santo, las cornetas secas de los armaos, a Mektub, Mater Mea y Pescador de Hombres en el Santo Entierro y a Nuestro Padre Jesús la mañana de Viernes Santo. Es precisamente a una imagen de una vieja grabación en VHS de Telered a la que me remite esa marcha, pues con esa grabación aprendí el nombre de una de las grandes marchas de la historia. Procesión del Penitente de 1996, Esquina del Convento: La Flagelación (si, los Azotes salían Viernes) hacía su entrada a la popular plaza con el tutti central de esa marcha y mi Padre me decía: Esa que suena es “Nuestro Padre Jesús”.



jueves, 1 de marzo de 2018

Crucifixus (José Alberto Pina) - calle Angostos, por Jorge Carretero Koch.



Comenzaba una nueva Semana Santa y con ello una nueva para mí. Pero no iba a ser una semana como la de años anteriores, esta Semana de Pasión iba a ser diferente debido a que tendría la oportunidad de salir y poder llevar entre mis hombros a la Santísima Virgen de los Dolores.

Desde pequeño he disfrutado de la Semana Santa de Ávila, pero desde hace un par de años me he ido involucrando en la Semana Santa ciezana, desde los primeros traslados de tronos antes de Viernes de Dolores o los ensayos con la Banda de música. Pero una procesión que siempre había visto antes de marcharme era la de “la Dolorosa”, y un sueño era salir con ella.

Llegó ese día y después de tanto tiempo, mi sueño se cumplía. “La Dolorosa” salía por la puerta y con ello comenzaba la Semana Santa de 2017. En el primer tramo no cargaba con ella, pero con mi túnica puesta esperé a que el trono llegara al relevo para hacer el cambio. Se palpaban los nervios en mi cuerpo y al final llegó el momento, cargué con la preciosa imagen del escultor murciano González Navarro.

Pasaron los primeros cien metros y de pronto sonó “Crucifixus”, mi otra debilidad. No podía creérmelo. Esta marcha del compositor cartagenero José Alberto Pina me ha transmitido mucha paz, una marcha que evoca al sufrimiento de Jesús en la cruz, pero no es dolor, sino sacrificio por todos nosotros y sobretodo amor.

El lento andar del trono con la bellísima melodía de esta marcha hicieron que el principio de la calle Angostos fuera un regalo para mí, un sueño hecho realidad.



lunes, 19 de febrero de 2018

Penitente Ciezano. (Joaquín Yelo) - Paseo

Por fin ha llegado el día, ya estamos de vuelta, y con ilusión como cada año de recibir vuestros escritos, por publicar y que la gente conozca marchas de procesión y lo más bonito todavía escribir sobre los sentimientos, sobre las emociones que nos evoca, sin duda alguna una bonita iniciativa, que hoy comenzamos. Comenzamos con un hermano dormí Antonio José Contreras Marín y su escrito sobre Penitente Ciezano.


Aunque ya se estrenara el año pasado, pienso que va a ser la mejor novedad de este año en cuanto a repertorio musical.

Viernes Santo, procesión del Penitente; el señor de La Caída asoma por la adoquinada e irregular calle del Paseo, con esa mirada desgarradora hacia el cielo, pidiendo clemencia a lo inevitable, resignándose ante el inminente final. Los rayos del Sol parecen iluminar más todavía el dorado del majestuoso trono, llenando de solemnidad y respeto esa escena única en nuestra Semana Santa.
Parece que esta marcha te traslada a ese momento, como si el tiempo se detuviera por unos minutos.
Cierras los ojos, te apoyas en el hombro del compañero de vara, queriendo transmitirle los sentimientos que te afloran en esos instantes: de agradecimiento por toda una semana acompañándote, de gratitud por los momentos vividos y de felicidad por ver que un año más, a pesar de todos los contratiempos, habéis podido coincidir de nuevo en esa vara, repartiéndoos la dura carga que es la vida por igual.
Abres de nuevo los ojos, miras a un lado, contemplas a la gente boquiabierta y respetuosa ante lo que ven sus ojos, e inmediatamente los vuelves a cerrar, quieres vivir ese momento en la intimidad que te da portar un paso. Recuerdas a tus seres queridos, a los que tan mal lo están pasando en esos duros momentos, pero que a la vez están cerca tuyo de una manera u otra. Recuerdas a los que ya se fueron físicamente pero no en espíritu, y los abrazas fuertemente desde la distancia, les regalas todo tu amor. Sin quererlo el corazón empieza a latir más fuerte todavía, los ojos comienzan a brillar de la emoción y los sentimientos vuelven a aflorar. La marcha está llegando a su fin y sin quererlo esos 4 minutos han pasado demasiado rápido y te saben a poco.
Pero aún queda la última "levantá" de vara ante la subida de la marcha en su final, para que el trono nunca roce el suelo y luzca en todo su esplendor, con la fuerza sacada desde el corazón y en recuerdo a todos tus seres queridos, a todo cofrade que siente lo mismo que tú, a tus compañeros de locura. Por que la Semana Santa es eso, locura, bendita, pero en definitiva, locura.


Parece que es la hora






Tomado de su facebook. Muchisimas gracias

viernes, 7 de abril de 2017

Santa María Salomé (José Gómez Villa) - Calle Santo Cristo

Santa María Salomé (José Gómez Villa) – Calle Santo Cristo. Por Antonio Jesús Hernández Alba

La mañana se levanta luminosa, radiante, llena de vida, exultante de alegría, pues Cristo ha resucitado. Es domingo, las calles están semidesiertas a esta temprana hora, el pavimento reluce con la cera acumulada de estos días. El olor a caramelos, tortas de pan dormido y flores perfuma cada rincón del Casco Antiguo. Cieza, poco a poco, se despierta al Día de la Vida Nueva, venciendo el sueño cuaresmal, despertada por los sones de bandas de música que van buscando, por última vez, la Casa de los Santos.
         Por una calle suena “El Ángel Triunfante”, llegan los Dormis, por otra suena “San Juan”, “La Tuna Pasa” por Juego de Bolos, sale la Magdalena, y, en la Placeta del Santo, “Virgen del Amor Hermoso”. La Alegría de Jesús Resucitado invade y colma nuestro alma, los pasodobles restauran nuestras fuerzas, desgastadas de esta Semana, y volvemos a la Esquina del Convento para celebrar el culmen de esta Bendita Locura, lo que hace que Cieza sea Cieza: La Cortesía.
         El Paseo es testigo de nuestros afanes por alargar nuestra pasión, que son las procesiones, bailando los pasos, riendo, cantando, saludando a las esquinas con giros. Los Santos bailan, los caramelos vuelan de Salvador Seguí a Buen Suceso y el Sol, con su luz divina, nos bendice al llegar a la Plaza de España. Sin embargo, al llegar a la Calle Angostos, al volver a las umbrías calles del casco histórico, la alegría se va trocando en nostalgia, pues bien sabemos que, al llegar a Cánovas del Castillo, todo habrá terminado y un año entero restará para volver a vivir tan plenamente.
         Es aquí donde nos encontramos, en la Calle Santo Cristo, prólogo del final, donde los tronos parecen remolonear, intentando retrasar lo inevitable. En años pasados quise hablar de mis experiencias como músico y compositor, también de esos momentos únicos que sin música no serían lo mismo. Esta vez hablaré de mi vida como parte de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
         Resguardado ya el Resucitado en la Casa de los Santos, salgo corriendo hacia la “esquina del cura”, en la calle de la Tercia, pues queda muy poco para que llegue la reina de mi hermandad. Una corte de túnicas negras acompaña a la Madre del Apóstol, su florido trono guarda un lugar en sus varas para un músico que se apresura en cargar con Santa María Salomé. En la calle Santo Cristo, la banda corta y comienzan a sonar los acordes del primer pasodoble que compusiera el maestro Gómez Villa, dedicado a ésta popular Santa. Esta composición, a imagen y semejanza de los pasodobles del Maestro León, tiene un sabor agridulce, entre la alegría de la Pascua y la añoranza de lo que acaba, un tinte nostálgico acorde con esta umbría calle.
         Representa para mí “La Salomé” la banda sonora del último momento, de la última oportunidad de llevar un trono sobre mí, de disfrutar de la Semana Santa junto a mi hermandad. Aunque disfruto sobremanera como músico, tocando con mi banda, echo de menos el tacto del terciopelo, el calor del relevo, el frío metal del báculo, férreo sostén en las tardías horas de penitencia y el dulzor del caramelo al dárselo a ese niño que, con carica ilusionada, cierra su mano infantil en torno al sencillo presente.
         No cambiaría mi faceta de músico por nada, vivir la Semana Santa tras los pasos, solemnizando los desfiles con la música, es una de las más grandes experiencias que he vivido y, probablemente, jamás viviré. No obstante, siempre queda ese sentimiento de añoranza por lo que podría haber sido y no fue, y por una semana que ya se acaba, un sentimiento que se aviva cada vez que, en la Calle Santo Cristo, un Domingo de Resurrección suena “La Salomé”.

Antonio Jesús Hernández Alba


jueves, 9 de marzo de 2017

Hossana in Excelsis (Oscar Navarro) - Camino de Madrid

Hossana in Excelsis (Oscar Navarro) – Camino de Madrid Por Joaquín Caballero

Como de costumbre, no puedo faltar a la cita de expresar cada año (y ya van cuatro) todas aquellas emociones y vivencias que para mí supone la marcha procesional, por eso quisiera agradecer nuevamente a Pascual López que haya seguido con esta iniciativa, la cual no solo no ha perdido incredibilidad sino que desde el principio ha sido y será una propuesta meramente interesante para todos los amantes entusiastas de nuestras procesiones. 

Como todo Ciezano, profeso una gran fe a la bendita imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, el “Santo Cristo” de todos, es por ello que todos los Domingos de Ramos por la tarde subo a su Ermita para poder acompañar al cristo desde mi humilde devoción en la labor de andero, gustosamente y hasta la fecha la Cofradía me lo ha permitido, cosa que es de agradecer. Pero hablando de todo un poco, cualquier procesión, traslado, pierde sentido sin la música, la música ameniza el momento, expresa lo realmente vivido incluso elevándolo a veces a lo espiritual y trascendente, para que desde lo más profundo de este hecho podamos conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. 

La marcha Hossana in Excelsis de Oscar Navarro, es interpretada por la Banda Municipal de Cieza cada Domingo de Ramos en el Camino de Madrid, siendo el mejor momento elegido, pareciendo predestinada para ese momento. Hossana in Excelsis significa “Alegría en las Alturas”, marcha elegante, armoniosa, que no expresa el sentido fúnebre de las llamadas “clásicas” sino que su melodía nos invita a que después de la muerte está la vida. Por eso cuando escucho esta marcha siempre me llega a la memoria la imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, aunque se nos presenta un Crucificado muerto, su rostro está iluminado de vida, advirtiéndonos que su resurrección esta próxima, y sobre todo recuerdo el Camino de Madrid, donde miles de personas acompañan al misterioso imán, cuya realidad expresa la verdadera alegría en las alturas.

Joaquín Caballero Segura


jueves, 2 de marzo de 2017

Caridad del Guadalquivir (Paco Lola) - Basílica de la Asunción

Caridad del Guadalquivir (Paco Lola) - Basílica de la Asunción Por Antonio José Contreras

Muy buenas a todos los lectores de este maravilloso blog, creado por mi amigo Pascual López, un enamorado de la música y de las marchas procesionales y uno de mis pequeños asesores musicales dentro de ese grupo de amigos cofrades, semanasanteros o como queráis llamarlo, “Marcando el Paso”. Y ahí empieza todo, en ese pequeño grupo de amigos.

Son las 11:00, 5 de Abril de 2016, Basílica de Nuestra Señora de La Asunción. Cieza se levanta con un cielo gris y entristecido, calles mojadas de la lluvia caída el día anterior, aunque más que lluvia, parecían mojadas por lágrimas. Comienzan a llenarse los bancos de La Asunción, la procesión de ese día especial, iba a comenzar. El Cristo de la Sangre y Santa María Magdalena presidían el altar mayor. Parecían esperar a qué alguien querido por ellos entrara por la puerta principal, para agradecerle ese amor recíproco que tenían. 

Se abrieron las puertas para que el pequeño trono entrara al son de la marcha de Paco Loca, “Caridad de Guadalquivir”, una de sus marchas favoritas. Esta vez, la procesión no llevaba nazarenos, ni estandarte, ni la típica remolacha del tercio infantil, ni incluso anderos, ya que el trono flotaba al son de la música por el pasillo central de La Asunción como si de un ángel se tratara.
La respiración fuerte, y a veces hasta contenida, de los allí presentes, acompañaba de fondo las notas de los músicos, a los cuales hay que estar agradecidos de por vida, y entre los que se encuentra el creador de este blog, Pascual, Pablo, Fran, etc. Ese día, hasta las notas sonaban diferentes, sonaban con más sentimiento. La devoción por ese trono se hizo latente, y el cariño hacia él, era el protagonista de ese día.

Todos creían en ese momento que había comenzado su última procesión. Pero no, se equivocaban, no era su última, el pequeño trono sigue aquí, con nosotros, marcando el paso a la izquierda cuando redoble el tambor, ese tambor que sonará a partir de ahora más fuerte todavía, ayudándonos a levantar nuestros tronos cuando las fuerzas no nos acompañen, tocando instrumentos en sus marchas preferidas, subiéndose a los tronos para arreglarlos de flores en la mañana del Miércoles Santo, recogiendo las velas del Cristo de la Sangre la mañana del Lunes Santo, debatiendo en las reuniones de las cofradías los puntos del día, ayudando a montar el escenario del Prendimiento en la tarde del Martes Santo, pregonando nuestra Semana Santa el domingo del Pregón, anunciando las fotos ganadoras en ese concurso tan deseado y a la vez tan apreciado por él, limpiando los restos de la colocación de flores del manto de la virgen de Gracia y Esperanza en la mañana de Jueves Santo, encendiendo las velas de la larga fila de nazarenos en la noche del Silencio y por supuesto, recitará el poema que tanto le gusta en la solemne, y tan emotiva para los dos, entrada de la Cama de Cristo. Desde allí arriba, se escuchará mucho mejor, entona bien, tranquilo y demuestra lo que te gustaba ese momento, el gran corazón que tienes y el orgullo que eres para nosotros y para todo el mundo que lleva la Semana Santa en el corazón.

Paró de sonar la marcha de Caridad de Guadalquivir. Un gran amigo, Juan Carlos Botía, recitó el poema de tu amado pregón de Sevilla que tanto le gustaba, y que tantas veces utilizaba en sus vídeos. (¡Que sí, que es el de García Barbeito, no se me olvida).
Sus amigos pusieron a su Cristo al lado tuyo, custodiándote para que no te perdieras en el camino. Los músicos seguían tocando, convirtieron la basílica de la Asunción en la Calle Cadenas un Viernes Santo por la noche. Silencio respetuoso el de los allí presentes, solo el respirar fuerte y alguna que otra lágrima lo rompían. Un canto al son de violines nos hizo meternos en la madrugada del Jueves al Viernes Santo.

Pero aún no conforme, quería su última procesión, y nosotros no se la íbamos a negar, pero no una procesión normal no, fue una procesión formal. Besó los pies del Cristo, la mano de María Magdalena y nos hizo sacarlo fuera con el solo de Semana Santa Ciezana. Quería hacer la última procesión por las calles de Cieza. "La Madrugá" de Abel Moreno nos llevó en volandas hacia el último relevo, el cual ninguno de nosotros queríamos que llegase. Llegando a la calle San Sebastián, los pasos cada vez se hicieron más cortos, el arrastrar de los zapatos cada vez eran más pronunciados y el balanceo típico de Cieza se plasmó en ese momento. Su padre, como cariñosamente lo llamaba, y algún que otro amigo suyo, en los que orgullosamente me incluyo, tuvieron el honor de guardarlo en su cochera particular, de nuevo al son de Caridad de Guadalquivir, dejando a la Esquina del Convento enmudecida y atónita del "parrapachán" que le hicimos.

Seguro que todo este rollo para ahora decirme que lo tiene todo grabado en su humilde cámara, con la cual recogía los mejores momentos de la Semana Santa y con la cual va a montar el vídeo de su despedida para que lo recordemos siempre. Espero que cuando lo tenga, no se le olvide subirlo a su canal de Youtube, y no me haga repetírselo una y otra vez como tenía que hacerle con los que me grababa de su querida “Cama de Cristo”.
Bueno, termino ya, que estará preparando las patatas asadas para la cena de los Jueves en el Sanse, o quizás esté preparándonos vídeos de otras semana santas para las sesiones de vídeos cofrades, o quizás preparando sus proyectos futuros en su pequeño taller. Se sentirá orgulloso de la que montó ese día, nos hizo llorar pero a la vez disfrutar, batió el récord de nazarenos en una procesión, dejando en evidencia a los nazarenos de su Cristo, y haciendo de la Semana Santa de Cieza en algo más especial si cabe para mí.

Tranquilo amigo, que nos veremos en la Esquina del Convento ese especial viernes de Dolores para disfrutar de la salida de la Dolorosa y para llenarnos de felicidad al ver a “La Burrica” aparecer por la calle San Sebastián, en la Calle de la Hoz para escuchar el “arrastrar” de los pies de los anderos del Cristo de la Sangre, en la Plaza Mayor la noche del Martes Santo para sentir el Prendimiento desde cerca, en la calle Larga para escuchar tus marchas favoritas de las distintas bandas de la Procesión General, en la calle del Cid viendo pasar la fila interminable de manolas que acompañan a la Virgen de Gracia y Esperanza, en la calle Cadenas emocionándonos con el silencio y el respeto de la noche del Jueves santo, en el Paseo para ver la “caracola” del Tercio Romano en la mañana del Viernes Santo, en la Calle Cartas para leer juntos el poema al Santo Sepulcro y por supuesto, en la Esquina del Convento para tirar caramelos y ver nuestra maravillosa cortesía.

Ah, que se me olvidaba, tu amigo Ricardo Caballero te ha preparado una oda, tradición ya dentro de nuestro grupo, y que no podía faltar. Ahí te la dejo, que la disfrutes…

Caridad sonaba
Y tú entrabas
Por esa entrada
Que a todos nos marcaba
Esa marcha que ya
No sonora igual
Porque en ella estás.
Sin duda alguna
Esa marcha para algunos
Para nosotros un himno
Un himno sentimental
Pues eres tú el que estás
Tras esas notas
¡Que nos hacen sentir especial!
Esa melodía que nos acaricia
Y nos da alegría
Pues te sentimos
Y no queremos despedirnos
Pues estas ahí
Y sabes hacernos sentir
Por ti y por nosotros
Porque marcando el paso
Es nuestro fin.
Pero esto no acaba aquí
Pues con “La Madrugá”
Todo llegó
Pero no llegó a su fin
Porque te tenemos aquí
Como esta marcha
Tan preciosa
Que supiste elegir
Entre tus favoritas
Y que sonó para ti.
Sublime y delicada
Tan bella marcha
Para no decirte adiós
Ni un hasta luego
Porque cada uno de nosotros
Sabemos donde te tenemos
Y por ello te escribimos
Tan bellas palabras
Que con esta marcha
Tan especial
Marcando el paso
Nosotros tus amigos
Hablábamos contigo
Como tal diálogo
Entre un saxofón
Y un trombón
Para decirte
Que te queremos
Y que estamos contigo
Marcando el paso siempre
AMIGO!

Marcaremos el paso por ti, más fuerte que nunca. Siempre amigo, siempre.

Antonio José Contreras