Cristo del perdón (José Gómez Villa)- Calle Cánovas del Castillo, Calle Larga, Calle Mesones Por Ricardo Caballero Pérez
Quiero empezar este pequeño escrito dándole primero mi enhorabuena a Pascual por este blog, blog que cualquier aficionado a la música y sobre todo aficionado a la música de nuestra semana mayor, es decir a la música de semana santa, saca un rato aunque no lo tenga, para leer sobre las marchas y sobre en que calles se toca. MI ENHORABUENA.
Ahora voy a hablaros de una marcha entre las marchas, una de esas marchas que con solo nombrarla se me ponen los pelos de punta. Es una gran responsabilidad escribir sobre esta obra musical y más ubicarla en una calle de nuestro recorrido semana santero.
La primera vez que escuche esta marcha no tenía nada más que 10 años, sí, solamente diez años, ya con esa edad tenía en la sangre, ese fervor semana santero, ese amor por nuestra semana mayor que no se puede explicar. Estaba sentado en el coche de mi padre, mientras que él ensayaba en el ambulatorio con la banda de tambores de San Juan Bosco, yo solo en el coche, con el radiocasete del coche a todo volumen escuchando la cinta, que grabará la banda municipal en 1995, y ahí estaba esa marcha en la cara B justo detrás de la marcha nº2 de San Juan, cada momento que la escuchaba los pelos de punta. Fue cinco años después cuando entre la banda de la escuela de música y la primera obra que me dieron para ensayar era ella, y ahora no solo la iba a escuchar sino también a tocar e interpretar. Tocada en irrepetibles ocasiones, esos sábados por la mañana, en los ensayos con los nuevos miembros de la banda o también sábados por la mañana en el colegio CEIP Santo Cristo del Consuelo, toda la banda tocando y ensayando el paso dando vueltas al colegio, cada vez que decían poner dicha marcha a mí me entraba un sentimiento especial, ese sentimiento que pones al tocar obras que te gusta, obras que sabes que las vas a tocar con más emoción que otras.
Sin duda alguna esta obra es el Cristo del Perdón, obra por antonomasia de una Semana Santa, no solo la de Cieza sino también, cualquier Semana Santa de la Región de Murcia, porque a cualquier zona a la que te vayas la escucharas. Cada vez que la escucho recuerdo a la salida de su imagen titular el Cristo del Perdón o su entrada en la casa de los santos, pero lo que más me gustaba sin duda es cuando en un momento de silencio de mi banda, por la calle larga o mesones se escuchaba de fondo la marcha, miraba para atrás y observaba a ese Cristo, que nos perdona, meciéndose a esa música celestial que es su marcha. Ya he dejado claro que esta marcha la ubicaría en calle Cánovas del Castillo, Larga y Mesones, pero en definitiva es una marcha que no puedes ubicar en cualquier calle, porque es una marcha que en cualquier momento del recorrido semana santero se puede escuchar.
Ricardo Caballero Pérez
Este blog surge de la idea de relacionar ciertas marchas procesionales con determinadas calles o momentos de la semana santa de Cieza. Y la descripción de esa relación y sus emociones
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miércoles, 16 de marzo de 2016
viernes, 27 de febrero de 2015
Pasa la Soledad (José Antonio Molero Luque) - Rincón de los Pinos y Calle Larga
Pasa la soledad (José Antonio Molero Luque) - Rincón de los Pinos y calle Larga. Por Jorge Carretero Koch
A pesar de vivir en Cieza y sentirme como un ciezano más, la Semana Santa la paso siempre fuera. Por suerte, días como Viernes de Dolores, Domingo de Ramos o Domingo de Resurrección con la Cortesía, disfruto de la Semana Santa de aquí. Tocar en una banda, en mi caso en la Banda Municipal de Música de Cieza, te hace vivir la Semana Santa diferente. Tocar marchas que son un símbolo para los ciezanos como Semana Santa Ciezana es importante para nosotros, los músicos.
"Pasa la soledad" es una marcha con muchos sentimientos. A mí particularmente me encanta. Ésta junto a "Crucifixus", "Jerusalén" y "la madrugá" son mis favoritas. El trompetista Pepe García Hortelano ha expresado lo que siente, sus sentimientos en este blog con la misma marcha. Su caso es muy similar al mío. Cuando era pequeño la empecé a escuchar. Me gustaba mucho por el solo que había de trompeta y trombón. Con el paso del tiempo, empecé a tocar el trombón y entré en la Banda Municipal, pero nunca llegaba el momento de tocar esta marcha. Siempre la quise tocar pero era complicado de ponerla en el repertorio.
Hace dos años, en el "pique" entre la Banda de la OJE y la Banda de cornetas y tambores "Medina Siyasa" se tocó esta obra. Era un Viernes de Dolores por la noche en la Plaza Mayor. Las dos bandas iban a tocar una marcha cada una para posteriormente meter a La Dolorosa. Le tocaba en primer lugar tocar a la "Medina", después le tocó a la Banda de la OJE. Estaba la Plaza Mayor en silencio y empezó la segunda banda con su obra. Comenzaron los graves y luego los dos solos. Se nos puso la carne de gallina por lo bien que tocaron los dos solistas.
El año pasado mi director, Ginés, la puso en el repertorio. El solo de trombón le tocaba tocar al principal que iba a estar en Semana Santa, Corpus o en la Procesión Magna del 4 de octubre. Tuve la suerte de tocarla la mayoría de las veces por estar aquí, en Cieza. Casi siempre la hemos tocado entre Rincón de los Pinos y calle Larga, lugares muy acogedores con el paso de las imágenes. Al principio, no piensas en la obra pero cuando se acerca el momento de tocarla te pones un poco nervioso, aunque en mi caso pocas veces ocurre. Esta obra hay que disfrutarla, hacerla sentir a todas las personas que la van a escuchar en ese lugar donde se toca mientras pasa el trono.
El balanceo del trono, el ritmo de la caja, la armonía de la obra y los dos solos son un bello conjunto, una unión perfecta. Es una obra muy querida por esos dos solos del principio, esa trompeta y ese trombón que suenan por encima del resto de los músicos. El comienzo de los graves y los posteriores solos hacen vivir la Semana Santa diferente. No sólo son las imágenes lo importante de la procesión, sino también la música que las acompaña.
Jorge Carretero Koch
miércoles, 2 de abril de 2014
Semana Santa Ciezana (José Gómez Villa) - Calle Larga
Semana Santa Ciezana (José Gómez Villa) - Calle Larga por Joaquín Molina Ruiz
Me siento algo extraño escribiendo estas palabras, por el hecho de no ser Ciezano, aunque todo hay que decirlo, me siento un ciezano más cuando se trata de semana santa.
Son muchos años ya los que soy participe de la Semana Santa de Cieza, tocando con varias bandas, en varias procesiones (por no decir en todas), por lo que puede parecer raro que un Abaranero se conozca las calles y lugares de las procesiones de Cieza como uno más... pero así es.
El escribir en el blog de Pascual es bien sencillo, se titula “Emociones y música en las calles de la Semana Santa de Cieza” y yo personalmente me siento superidentificado con este título, ya que mi vida desde muy pequeño gira en torno a la música (cada día que pasa más) y al hecho de querer sentirla y emocionarme con ella, por eso una de mis épocas favoritas es la Semana santa, donde disfruto enormemente desfilando con mi asociación (Asociación músical juvenil “No Tenemos Prisa”) por las calles de Cieza desde hace ya varios años.
Con esto que he comentado, me resulta muy difícil hablar de una marcha en concreto, ya que para mi cada marcha procesional transmite algo diferente y llega de manera distinta a la gente. Comparto con el maestro Francisco García que la marcha que mas me emociona y me llena al escuchar e interpretar es “MEKTUB” (estaba escrito), pero en este caso voy a hablar de otra marcha, que para los Ciezanos en Semana Santa (me incluyo) es algo de lo que se sienten enormemente orgullosos, de su “SEMANA SANTA CIEZANA”, del maestro Gómez Villa.
Es una marcha que yo nunca antes había escuchado y menos tocado. Fue el primer año que toqué en Cieza en sus procesiones, hace ya unos 6 o 7 años mas o menos, cuando en la calle larga (me acordaré siempre) pusimos esta marcha y yo la toque por primera vez, tocando su famoso solo de trompeta. Al terminarla comenté con algunos compañeros que esa marcha no me decía nada, no me llegaba a transmitir nada en comparación a otras marchas como Mektub, Jesus cautivo, Hosanna in excelsis, La cruz de doble brazo... etc. Pero no sé porque, a los días volví a tocarla, en la misma calle... y ya no fue lo mismo. Fue cuando me di cuenta de lo que significaba la semana santa en Cieza para mi, por lo que no puedo evitar acordarme de ese momento cuando alguien habla de Semana Santa, el momento de jueves santo el estar interpretando esta marcha por esa calle estrecha, tocando su solo de trompeta bajo el tenue acompañamiento que realiza la banda al solista; Es por lo que intento que todos los años se interprete en el mismo sitio, siendo para mí una marcha especial y mas siendo trompetista.
Una vez un compañero me escuchó tocar ese solo y me dijo: Has tocado genial, pero no creo que pudieses tocarlo como lo tocaría o sentiría un Ciezano... Con el paso del tiempo me di cuenta de que eso no era cierto.
Joaquín Molina Ruiz
Me siento algo extraño escribiendo estas palabras, por el hecho de no ser Ciezano, aunque todo hay que decirlo, me siento un ciezano más cuando se trata de semana santa.
Son muchos años ya los que soy participe de la Semana Santa de Cieza, tocando con varias bandas, en varias procesiones (por no decir en todas), por lo que puede parecer raro que un Abaranero se conozca las calles y lugares de las procesiones de Cieza como uno más... pero así es.
El escribir en el blog de Pascual es bien sencillo, se titula “Emociones y música en las calles de la Semana Santa de Cieza” y yo personalmente me siento superidentificado con este título, ya que mi vida desde muy pequeño gira en torno a la música (cada día que pasa más) y al hecho de querer sentirla y emocionarme con ella, por eso una de mis épocas favoritas es la Semana santa, donde disfruto enormemente desfilando con mi asociación (Asociación músical juvenil “No Tenemos Prisa”) por las calles de Cieza desde hace ya varios años.
Con esto que he comentado, me resulta muy difícil hablar de una marcha en concreto, ya que para mi cada marcha procesional transmite algo diferente y llega de manera distinta a la gente. Comparto con el maestro Francisco García que la marcha que mas me emociona y me llena al escuchar e interpretar es “MEKTUB” (estaba escrito), pero en este caso voy a hablar de otra marcha, que para los Ciezanos en Semana Santa (me incluyo) es algo de lo que se sienten enormemente orgullosos, de su “SEMANA SANTA CIEZANA”, del maestro Gómez Villa.
Es una marcha que yo nunca antes había escuchado y menos tocado. Fue el primer año que toqué en Cieza en sus procesiones, hace ya unos 6 o 7 años mas o menos, cuando en la calle larga (me acordaré siempre) pusimos esta marcha y yo la toque por primera vez, tocando su famoso solo de trompeta. Al terminarla comenté con algunos compañeros que esa marcha no me decía nada, no me llegaba a transmitir nada en comparación a otras marchas como Mektub, Jesus cautivo, Hosanna in excelsis, La cruz de doble brazo... etc. Pero no sé porque, a los días volví a tocarla, en la misma calle... y ya no fue lo mismo. Fue cuando me di cuenta de lo que significaba la semana santa en Cieza para mi, por lo que no puedo evitar acordarme de ese momento cuando alguien habla de Semana Santa, el momento de jueves santo el estar interpretando esta marcha por esa calle estrecha, tocando su solo de trompeta bajo el tenue acompañamiento que realiza la banda al solista; Es por lo que intento que todos los años se interprete en el mismo sitio, siendo para mí una marcha especial y mas siendo trompetista.
Una vez un compañero me escuchó tocar ese solo y me dijo: Has tocado genial, pero no creo que pudieses tocarlo como lo tocaría o sentiría un Ciezano... Con el paso del tiempo me di cuenta de que eso no era cierto.
Joaquín Molina Ruiz
martes, 25 de marzo de 2014
La Cruz de doble brazo (Ignacio Sánchez Navarro) - Calle Larga
La Cruz de doble brazo (Ignacio Sánchez Navarro) - Calle Larga por Antonio Jesús Hernández Alba
Muchas son las marchas y muchos los recuerdos de esas Semanas Santa que ya se difuminaron en el tiempo. Podría hablar de cómo, cuando solo era un niño, la imponente melodía del Himno Nacional me lanzaba de un salto al balcón, que da a la calle Cánovas del Castillo, para comprobar qué “santo” salía o entraba. Podría hablar de cómo a cualquier ciezano se le ensancha el corazón y la emoción le recorre la cara cuando de la calle San Sebastián se escapa el solo de Semana Santa Ciezana; o cómo, al llegar a las Claras, el Adagio de Albinoni mece la silueta del Cristo de la Agonía en el más absoluto recogimiento.
No, hoy mis palabras quieren describir un momento que, realmente, me ha marcado como procesionista y músico ciezano. Para encontrarlo en mi memoria he de remontarme hasta la noche del Miércoles Santo de 2009, fecha en la cual acompañé como músico al Santo Cristo por primera vez. Es cerca de la una de la madrugada cuando la adorada Imagen franquea la calle larga y la Banda de la Escuela de Música, mi banda, a la señal de la caja, comienza a emitir las notas de una sutil melodía que, cada año, el genio musical de Ignacio Sánchez Navarro nos regala. Estoy hablando de “La Cruz de Doble Brazo”, una marcha cuyo inicio es apenas un susurro de clarinetes que pronto desemboca en un crescendo, creando así un clima perfecto para la oración. Poco a poco, sus notas van tejiendo una melodía y una armonía tales que parece que la propia música llorara, mientras que el Santo Cristo se mece en el estrecho y poco iluminado principio de la calle. Cieza entera contiene el aliento expectante, la dorada cruz parece que quiere acariciar las añejas paredes, mas nunca las roza. Una mano aparece en una ventana, acariciando la ensangrentada mano del Señor, fundiéndose con ella en un abrazo temporal. Es en ese preciso instante en el que el tiempo parece detenerse. El silencio, apenas roto con los delicados acordes de esta gran obra, se mezcla con la dolorosa luz de las tulipas y el suave vaivén del sudario. Acaso sea por la música, acaso por la presencia del Cristo y sus tres ángeles, acaso por el fervoroso ambiente, pero nadie, semanasantero o no, queda indiferente a este momento.
Mi alma retuvo cada detalle de aquel día, de aquello minutos en los que solo existían el Cristo y la Música, y los grabó en lo más profundo de mi memoria junto con el recuerdo de mi abuelo, en aquel entonces herido por una enfermedad de la que no se recuperaría. Esa noche entoné una silenciosa oración hacia los cielos mientras esa música me envolvía de tal manera que casi podía palparla.
Desde entonces, cada año espero fervientemente reencontrarme con el Cristo del Consuelo al llegar a la calle larga y tocarle la Cruz de Doble Brazo mientras avanza lentamente hacia la Esquina del Convento. Quiero revivir ese momento en el que incluso el viento se calla y la luz lunar parece apagarse, dejando solo el resplandor rojizo del Santo Cristo del Consuelo. Incluso ahora, mientras escribo estas líneas, cierro los ojos y siento el frío de la noche en mi piel, veo la florecida cruz deslizarse a un lado y a otro y siento que la garganta se me anuda y las lágrimas cristalizan mis ojos.
El recuerdo de Higinio Alba, aquel que me instruyo (junto a mis padres) en la Fe y en el amor a la música, está presente cada noche de Miércoles y Viernes Santo mientras las últimas dulces notas se funden con el silencio de la calle larga al alejarse por ella.
Antonio Jesús Hernández Alba
Muchas son las marchas y muchos los recuerdos de esas Semanas Santa que ya se difuminaron en el tiempo. Podría hablar de cómo, cuando solo era un niño, la imponente melodía del Himno Nacional me lanzaba de un salto al balcón, que da a la calle Cánovas del Castillo, para comprobar qué “santo” salía o entraba. Podría hablar de cómo a cualquier ciezano se le ensancha el corazón y la emoción le recorre la cara cuando de la calle San Sebastián se escapa el solo de Semana Santa Ciezana; o cómo, al llegar a las Claras, el Adagio de Albinoni mece la silueta del Cristo de la Agonía en el más absoluto recogimiento.
No, hoy mis palabras quieren describir un momento que, realmente, me ha marcado como procesionista y músico ciezano. Para encontrarlo en mi memoria he de remontarme hasta la noche del Miércoles Santo de 2009, fecha en la cual acompañé como músico al Santo Cristo por primera vez. Es cerca de la una de la madrugada cuando la adorada Imagen franquea la calle larga y la Banda de la Escuela de Música, mi banda, a la señal de la caja, comienza a emitir las notas de una sutil melodía que, cada año, el genio musical de Ignacio Sánchez Navarro nos regala. Estoy hablando de “La Cruz de Doble Brazo”, una marcha cuyo inicio es apenas un susurro de clarinetes que pronto desemboca en un crescendo, creando así un clima perfecto para la oración. Poco a poco, sus notas van tejiendo una melodía y una armonía tales que parece que la propia música llorara, mientras que el Santo Cristo se mece en el estrecho y poco iluminado principio de la calle. Cieza entera contiene el aliento expectante, la dorada cruz parece que quiere acariciar las añejas paredes, mas nunca las roza. Una mano aparece en una ventana, acariciando la ensangrentada mano del Señor, fundiéndose con ella en un abrazo temporal. Es en ese preciso instante en el que el tiempo parece detenerse. El silencio, apenas roto con los delicados acordes de esta gran obra, se mezcla con la dolorosa luz de las tulipas y el suave vaivén del sudario. Acaso sea por la música, acaso por la presencia del Cristo y sus tres ángeles, acaso por el fervoroso ambiente, pero nadie, semanasantero o no, queda indiferente a este momento.
Mi alma retuvo cada detalle de aquel día, de aquello minutos en los que solo existían el Cristo y la Música, y los grabó en lo más profundo de mi memoria junto con el recuerdo de mi abuelo, en aquel entonces herido por una enfermedad de la que no se recuperaría. Esa noche entoné una silenciosa oración hacia los cielos mientras esa música me envolvía de tal manera que casi podía palparla.
Desde entonces, cada año espero fervientemente reencontrarme con el Cristo del Consuelo al llegar a la calle larga y tocarle la Cruz de Doble Brazo mientras avanza lentamente hacia la Esquina del Convento. Quiero revivir ese momento en el que incluso el viento se calla y la luz lunar parece apagarse, dejando solo el resplandor rojizo del Santo Cristo del Consuelo. Incluso ahora, mientras escribo estas líneas, cierro los ojos y siento el frío de la noche en mi piel, veo la florecida cruz deslizarse a un lado y a otro y siento que la garganta se me anuda y las lágrimas cristalizan mis ojos.
El recuerdo de Higinio Alba, aquel que me instruyo (junto a mis padres) en la Fe y en el amor a la música, está presente cada noche de Miércoles y Viernes Santo mientras las últimas dulces notas se funden con el silencio de la calle larga al alejarse por ella.
Antonio Jesús Hernández Alba
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