Este blog surge de la idea de relacionar ciertas marchas procesionales con determinadas calles o momentos de la semana santa de Cieza. Y la descripción de esa relación y sus emociones
Hossana in Excelsis (Oscar Navarro) – Camino de Madrid Por Joaquín Caballero
Como de costumbre, no puedo faltar a la cita de expresar cada año (y ya van cuatro) todas aquellas emociones y vivencias que para mí supone la marcha procesional, por eso quisiera agradecer nuevamente a Pascual López que haya seguido con esta iniciativa, la cual no solo no ha perdido incredibilidad sino que desde el principio ha sido y será una propuesta meramente interesante para todos los amantes entusiastas de nuestras procesiones.
Como todo Ciezano, profeso una gran fe a la bendita imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, el “Santo Cristo” de todos, es por ello que todos los Domingos de Ramos por la tarde subo a su Ermita para poder acompañar al cristo desde mi humilde devoción en la labor de andero, gustosamente y hasta la fecha la Cofradía me lo ha permitido, cosa que es de agradecer. Pero hablando de todo un poco, cualquier procesión, traslado, pierde sentido sin la música, la música ameniza el momento, expresa lo realmente vivido incluso elevándolo a veces a lo espiritual y trascendente, para que desde lo más profundo de este hecho podamos conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
La marcha Hossana in Excelsis de Oscar Navarro, es interpretada por la Banda Municipal de Cieza cada Domingo de Ramos en el Camino de Madrid, siendo el mejor momento elegido, pareciendo predestinada para ese momento. Hossana in Excelsis significa “Alegría en las Alturas”, marcha elegante, armoniosa, que no expresa el sentido fúnebre de las llamadas “clásicas” sino que su melodía nos invita a que después de la muerte está la vida. Por eso cuando escucho esta marcha siempre me llega a la memoria la imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, aunque se nos presenta un Crucificado muerto, su rostro está iluminado de vida, advirtiéndonos que su resurrección esta próxima, y sobre todo recuerdo el Camino de Madrid, donde miles de personas acompañan al misterioso imán, cuya realidad expresa la verdadera alegría en las alturas.
Caridad del Guadalquivir (Paco Lola) - Basílica de la Asunción Por Antonio José Contreras
Muy buenas a todos los lectores de este maravilloso blog, creado por mi amigo Pascual López, un enamorado de la música y de las marchas procesionales y uno de mis pequeños asesores musicales dentro de ese grupo de amigos cofrades, semanasanteros o como queráis llamarlo, “Marcando el Paso”. Y ahí empieza todo, en ese pequeño grupo de amigos.
Son las 11:00, 5 de Abril de 2016, Basílica de Nuestra Señora de La Asunción. Cieza se levanta con un cielo gris y entristecido, calles mojadas de la lluvia caída el día anterior, aunque más que lluvia, parecían mojadas por lágrimas. Comienzan a llenarse los bancos de La Asunción, la procesión de ese día especial, iba a comenzar. El Cristo de la Sangre y Santa María Magdalena presidían el altar mayor. Parecían esperar a qué alguien querido por ellos entrara por la puerta principal, para agradecerle ese amor recíproco que tenían.
Se abrieron las puertas para que el pequeño trono entrara al son de la marcha de Paco Loca, “Caridad de Guadalquivir”, una de sus marchas favoritas. Esta vez, la procesión no llevaba nazarenos, ni estandarte, ni la típica remolacha del tercio infantil, ni incluso anderos, ya que el trono flotaba al son de la música por el pasillo central de La Asunción como si de un ángel se tratara.
La respiración fuerte, y a veces hasta contenida, de los allí presentes, acompañaba de fondo las notas de los músicos, a los cuales hay que estar agradecidos de por vida, y entre los que se encuentra el creador de este blog, Pascual, Pablo, Fran, etc. Ese día, hasta las notas sonaban diferentes, sonaban con más sentimiento. La devoción por ese trono se hizo latente, y el cariño hacia él, era el protagonista de ese día.
Todos creían en ese momento que había comenzado su última procesión. Pero no, se equivocaban, no era su última, el pequeño trono sigue aquí, con nosotros, marcando el paso a la izquierda cuando redoble el tambor, ese tambor que sonará a partir de ahora más fuerte todavía, ayudándonos a levantar nuestros tronos cuando las fuerzas no nos acompañen, tocando instrumentos en sus marchas preferidas, subiéndose a los tronos para arreglarlos de flores en la mañana del Miércoles Santo, recogiendo las velas del Cristo de la Sangre la mañana del Lunes Santo, debatiendo en las reuniones de las cofradías los puntos del día, ayudando a montar el escenario del Prendimiento en la tarde del Martes Santo, pregonando nuestra Semana Santa el domingo del Pregón, anunciando las fotos ganadoras en ese concurso tan deseado y a la vez tan apreciado por él, limpiando los restos de la colocación de flores del manto de la virgen de Gracia y Esperanza en la mañana de Jueves Santo, encendiendo las velas de la larga fila de nazarenos en la noche del Silencio y por supuesto, recitará el poema que tanto le gusta en la solemne, y tan emotiva para los dos, entrada de la Cama de Cristo. Desde allí arriba, se escuchará mucho mejor, entona bien, tranquilo y demuestra lo que te gustaba ese momento, el gran corazón que tienes y el orgullo que eres para nosotros y para todo el mundo que lleva la Semana Santa en el corazón.
Paró de sonar la marcha de Caridad de Guadalquivir. Un gran amigo, Juan Carlos Botía, recitó el poema de tu amado pregón de Sevilla que tanto le gustaba, y que tantas veces utilizaba en sus vídeos. (¡Que sí, que es el de García Barbeito, no se me olvida).
Sus amigos pusieron a su Cristo al lado tuyo, custodiándote para que no te perdieras en el camino. Los músicos seguían tocando, convirtieron la basílica de la Asunción en la Calle Cadenas un Viernes Santo por la noche. Silencio respetuoso el de los allí presentes, solo el respirar fuerte y alguna que otra lágrima lo rompían. Un canto al son de violines nos hizo meternos en la madrugada del Jueves al Viernes Santo.
Pero aún no conforme, quería su última procesión, y nosotros no se la íbamos a negar, pero no una procesión normal no, fue una procesión formal. Besó los pies del Cristo, la mano de María Magdalena y nos hizo sacarlo fuera con el solo de Semana Santa Ciezana. Quería hacer la última procesión por las calles de Cieza. "La Madrugá" de Abel Moreno nos llevó en volandas hacia el último relevo, el cual ninguno de nosotros queríamos que llegase. Llegando a la calle San Sebastián, los pasos cada vez se hicieron más cortos, el arrastrar de los zapatos cada vez eran más pronunciados y el balanceo típico de Cieza se plasmó en ese momento. Su padre, como cariñosamente lo llamaba, y algún que otro amigo suyo, en los que orgullosamente me incluyo, tuvieron el honor de guardarlo en su cochera particular, de nuevo al son de Caridad de Guadalquivir, dejando a la Esquina del Convento enmudecida y atónita del "parrapachán" que le hicimos.
Seguro que todo este rollo para ahora decirme que lo tiene todo grabado en su humilde cámara, con la cual recogía los mejores momentos de la Semana Santa y con la cual va a montar el vídeo de su despedida para que lo recordemos siempre. Espero que cuando lo tenga, no se le olvide subirlo a su canal de Youtube, y no me haga repetírselo una y otra vez como tenía que hacerle con los que me grababa de su querida “Cama de Cristo”.
Bueno, termino ya, que estará preparando las patatas asadas para la cena de los Jueves en el Sanse, o quizás esté preparándonos vídeos de otras semana santas para las sesiones de vídeos cofrades, o quizás preparando sus proyectos futuros en su pequeño taller. Se sentirá orgulloso de la que montó ese día, nos hizo llorar pero a la vez disfrutar, batió el récord de nazarenos en una procesión, dejando en evidencia a los nazarenos de su Cristo, y haciendo de la Semana Santa de Cieza en algo más especial si cabe para mí.
Tranquilo amigo, que nos veremos en la Esquina del Convento ese especial viernes de Dolores para disfrutar de la salida de la Dolorosa y para llenarnos de felicidad al ver a “La Burrica” aparecer por la calle San Sebastián, en la Calle de la Hoz para escuchar el “arrastrar” de los pies de los anderos del Cristo de la Sangre, en la Plaza Mayor la noche del Martes Santo para sentir el Prendimiento desde cerca, en la calle Larga para escuchar tus marchas favoritas de las distintas bandas de la Procesión General, en la calle del Cid viendo pasar la fila interminable de manolas que acompañan a la Virgen de Gracia y Esperanza, en la calle Cadenas emocionándonos con el silencio y el respeto de la noche del Jueves santo, en el Paseo para ver la “caracola” del Tercio Romano en la mañana del Viernes Santo, en la Calle Cartas para leer juntos el poema al Santo Sepulcro y por supuesto, en la Esquina del Convento para tirar caramelos y ver nuestra maravillosa cortesía.
Ah, que se me olvidaba, tu amigo Ricardo Caballero te ha preparado una oda, tradición ya dentro de nuestro grupo, y que no podía faltar. Ahí te la dejo, que la disfrutes…
Caridad sonaba
Y tú entrabas
Por esa entrada
Que a todos nos marcaba
Esa marcha que ya
No sonora igual
Porque en ella estás.
Sin duda alguna
Esa marcha para algunos
Para nosotros un himno
Un himno sentimental
Pues eres tú el que estás
Tras esas notas
¡Que nos hacen sentir especial!
Esa melodía que nos acaricia
Y nos da alegría
Pues te sentimos
Y no queremos despedirnos
Pues estas ahí
Y sabes hacernos sentir
Por ti y por nosotros
Porque marcando el paso
Es nuestro fin.
Pero esto no acaba aquí
Pues con “La Madrugá”
Todo llegó
Pero no llegó a su fin
Porque te tenemos aquí
Como esta marcha
Tan preciosa
Que supiste elegir
Entre tus favoritas
Y que sonó para ti.
Sublime y delicada
Tan bella marcha
Para no decirte adiós
Ni un hasta luego
Porque cada uno de nosotros
Sabemos donde te tenemos
Y por ello te escribimos
Tan bellas palabras
Que con esta marcha
Tan especial
Marcando el paso
Nosotros tus amigos
Hablábamos contigo
Como tal diálogo
Entre un saxofón
Y un trombón
Para decirte
Que te queremos
Y que estamos contigo
Marcando el paso siempre
AMIGO!
Marcaremos el paso por ti, más fuerte que nunca. Siempre amigo, siempre.
El Evangelista (José Vélez) con la Dolorosa en la Calle Cánovas del Castillo Por José Centeno
Sin duda, una de las razones fundamentales para que a muchos nos cautive tanto la Semana Santa es esa singular fusión de lo que recogen nuestros sentidos con los sentimientos que eso nos provoca. Así, cuando estamos participando de una u otra forma de una de nuestras procesiones, se reúne de una manera única lo que ven nuestros ojos, lo que escuchan nuestros oídos y lo que siente nuestra alma. Y luego, al rememorar esos momentos tan especiales, es difícil separar esas imágenes de los sonidos que las acompañaban y los sentimientos que despertaron, y todo queda ligado como una sola realidad indivisible.
En algunos ocasiones especiales, unas veces por causas que nos resultan muy evidentes y otras sin que podamos encontrar razón concreta, se produce con una especial intensidad esta conjunción particular de imaginería, marchas procesionales, rincones de Cieza y sentimientos profundos. Y ésas son las experiencias que perduran en nuestros recuerdos por mucho que el tiempo nos haga olvidar casi todo... pero no esto. Y así ha sucedido para mí con tantos y tan diferentes momentos a lo largo de las ya más de cuarenta Semanas Santas de Cieza vividas. Voy a compartir aquí uno de ellos, uno de tantos en que la viveza de su recuerdo causa la ilusión de que hubiera sucedido ayer mismo, todo lo más el año pasado, pues resulta asombroso descubrir lo nítidas que aún siguen en mi retina las imágenes y la rotundidad con que resuenan en mis oídos los acordes...
Fue uno de los primeros traslados de la Dolorosa. No se me da bien recordar fechas exactas, pero debió ser una de las primeras Semanas Santas del milenio, cuando aún acompañaban los Revoltosos a la Señora en su recorrido por las calles ciezanas el día de su onomástica. La Procesión estaba ya tocando a su fin, y la Dolorosa apuraba el final de la Tercia, cuando el redoble de tambor marcó la entrada para empezar una marcha. Ese momento tan anhelado por los aficionados a la música cofrade, que convierte tu atención al desfile en anhelo expectante por si la próxima marcha resulta ser una de tus favoritas. Empezaron a sonar los primeros compases de "El Evangelista", del maestro Vélez, marcha que cualquier aficionado de la región incluso ya por esas fechas era capaz de reconocer al instante, después de llevar unos diez años interpretándose con frecuencia por nuestras calles, hasta el punto de haberse convertido ya en una de las marchas más características de la Semana Santa ciezana.
En aquél momento sufrí una pequeña decepción, pues tenía mucho interés en poder escuchar la "nueva" marcha del maestro, "Jerusalén", que estaba casi recién estrenada por entonces y apenas la había oído tres o cuatro veces interpretada en una Procesión. "El Evangelista" era una gran marcha, pero en ese momento me apetecía más escuchar "la nueva" del mismo compositor. Ya había oído muchísimas veces "El Evangelista" antes de aquel día, pero sin embargo fue esa interpretación recibida por mí sin especial entusiasmo la que se grabó para siempre en mis recuerdos.
La dulzura del comienzo de la marcha, interpretada con el maravilloso estilo de los Revoltosos, paradigma del excelente nivel de las bandas de Cieza, me fue envolviendo en esa atmósfera que te hace dejar de mirar a los músicos y volver tu rostro para contemplar cómo la melodía es acompasada por el lento mecer de los anderos a su Dolorosa. Mientras el bellísimo trono, aún por entonces con sus árboles de luz al completo, terminaba la calle Santo Cristo doblando hacia la derecha por la calle Cánovas, comenzaba el majestuoso forte de marcha que se alargaba durante el corto trecho de la Imagen por esa calle hasta doblar para coger San Pedro en su camino hacia la Iglesia de La Asunción. Mientras yo avanzaba junto con el cortejo para poder seguir disfrutando del momento mientras alcanzara la partitura de la obra, y dándose la suerte de que en esos cinco minutos de duración de la marcha no fue necesario que los anderos detuvieran su paso, se produjo esa fusión de sentidos y sentimientos que hace desaparecer de tu mente todo lo ajeno que te rodea, dejar de escuchar lo que alguien te pueda estar diciendo a tu lado, y olvidar cualquier preocupación que quizás tienes rondando por tu cabeza. Y sólo se queda la Virgen, la Marcha, y ese rincón de Cieza. Es como si todo despareciera, como si no quedara allí nadie más que tú, y, en efecto, la Procesión en ese momento "pasara sólo para ti". Hasta que el último acorde coincide casi matemáticamente con el golpe en la campana del cabo de andas, cesan al unísono música y lento movimiento del trono, y poco a poco se va deshaciendo el instante mágico mientras uno vuelve a ser consciente de la realidad que se había disuelto durante ese lapso de tiempo.
Ya no sé si es porque en ese recodo, siempre al principio o al final de las procesiones, resulta que la música cofrade resuena particularmente bien. O si simplemente me lo parece precisamente porque este tramo me trae a la memoria esa interpretación concreta de "El Evangelista". Pero lo cierto es que como resultado de ese momento han quedado para siempre grabados en mí un rincón en el que siempre me gusta ver pasar los Santos, un Traslado que todos los años contemplo con un cariño especial, y una marcha que sigue siendo mi favorita de entre todas las que he escuchado. Y aunque es una composición que me gustó desde que la oí por primera vez, no la tuve hasta entonces en tan alta consideración. Se convirtió en algo verdaderamente especial desde ese día, en esa calle, y sonando junto a la Dolorosa.
La Cortesía (José Gómez Villa) – Procesión del Domingo de Resurrección, Esquina del Convento y Paseo. Por Eusebio Ríos Sánchez
Atendiendo a la petición de Pascual, “Pascui”, como cariñosamente se te conoce, buen amigo de mis hijas Ana Mª(especialmente) y de Mª José, y apreciado por todos nosotros, me dispongo a escribir en tu blog.
Espero estar a la altura de tu petición, pues no soy de escribir, más bien soy hombre de sentimientos y más todavía cuando se trata de NUESTRA SEMANA SANTA, y eso es lo que voy a intentar plasmar en este escrito.
Si hay para mí una procesión especial en la Semana Santa de Cieza, esa es sin duda la de Domingo de Resurrección. Mis recuerdos de esta procesión se remontan a mi infancia, a finales de los años sesenta del siglo pasado. Casi nada, no ha llovido desde entonces!
Recuerdo como, cuando apenas contaba con siete u ocho años, mi madre me llevaba a ver la procesión del Resucitado, y al paso del Ángel Triunfante, acompañado por sus hermanos “Dormis” y de alegres pasodobles, le pedía incansablemente que me hiciera una túnica de “Los Dormis”, hasta que la conseguí. Con esa túnica, salí varios años en el tercio infantil, popularmente conocido como “la remolacha”, hasta que dejó de venirme y ya me veía mayor para salir en “la remolacha”. Sin embargo, posteriormente, por circunstancias de la vida, y muy a pesar mío, nunca llegué a desfilar como andero de “Los Dormis”, y desafortunadamente, nunca lo podré hacer, ya que una grave lesión de espalda me lo impide, y me temo que para siempre.
Por eso, cuando veo al Ángel Triunfante hacer la Cortesía o desfilar alegremente por el Paseo bajo las notas de La Cortesía, del maestro D. José Gómez Villa, por cierto familia de mi mujer, no lo puedo evitar: mi corazón palpita fuertemente, la piel se me pone de gallina y alguna que otra lágrima se me escapa. Me veo sentimentalmente, aunque no físicamente, cumpliendo mi sueño, que no era otro que el de llevar, el Domingo de Resurrección, metido bajo sus varas y bailando al son de pasodobles, el paso del Ángel Triunfante, de mi querida Cofradía de la Oración del Huerto y Santo Sepulcro, “Los Dormis”. Y qué mejor que haberlo podido hacer al son de un gran pasodoble de un ciezano ilustre, La Cortesía, del maestro Gómez Villa.
Aclaro que cuando yo me “veo” desfilar con el paso del Ángel Triunfante el Domingo de Resurrección, el maestro Gómez Villa no había compuesto todavía La Cortesía, pero es el pasodoble que siempre me hace seguir soñando.
Gracias Pascual por esta oportunidad que me has brindado. ¡A CIEZA, POR SU SEMANA SANTA!
Agradecido siempre.
Cristo del perdón (José Gómez Villa)- Calle Cánovas del Castillo, Calle Larga, Calle Mesones Por Ricardo Caballero Pérez
Quiero empezar este pequeño escrito dándole primero mi enhorabuena a Pascual por este blog, blog que cualquier aficionado a la música y sobre todo aficionado a la música de nuestra semana mayor, es decir a la música de semana santa, saca un rato aunque no lo tenga, para leer sobre las marchas y sobre en que calles se toca. MI ENHORABUENA.
Ahora voy a hablaros de una marcha entre las marchas, una de esas marchas que con solo nombrarla se me ponen los pelos de punta. Es una gran responsabilidad escribir sobre esta obra musical y más ubicarla en una calle de nuestro recorrido semana santero.
La primera vez que escuche esta marcha no tenía nada más que 10 años, sí, solamente diez años, ya con esa edad tenía en la sangre, ese fervor semana santero, ese amor por nuestra semana mayor que no se puede explicar. Estaba sentado en el coche de mi padre, mientras que él ensayaba en el ambulatorio con la banda de tambores de San Juan Bosco, yo solo en el coche, con el radiocasete del coche a todo volumen escuchando la cinta, que grabará la banda municipal en 1995, y ahí estaba esa marcha en la cara B justo detrás de la marcha nº2 de San Juan, cada momento que la escuchaba los pelos de punta. Fue cinco años después cuando entre la banda de la escuela de música y la primera obra que me dieron para ensayar era ella, y ahora no solo la iba a escuchar sino también a tocar e interpretar. Tocada en irrepetibles ocasiones, esos sábados por la mañana, en los ensayos con los nuevos miembros de la banda o también sábados por la mañana en el colegio CEIP Santo Cristo del Consuelo, toda la banda tocando y ensayando el paso dando vueltas al colegio, cada vez que decían poner dicha marcha a mí me entraba un sentimiento especial, ese sentimiento que pones al tocar obras que te gusta, obras que sabes que las vas a tocar con más emoción que otras.
Sin duda alguna esta obra es el Cristo del Perdón, obra por antonomasia de una Semana Santa, no solo la de Cieza sino también, cualquier Semana Santa de la Región de Murcia, porque a cualquier zona a la que te vayas la escucharas. Cada vez que la escucho recuerdo a la salida de su imagen titular el Cristo del Perdón o su entrada en la casa de los santos, pero lo que más me gustaba sin duda es cuando en un momento de silencio de mi banda, por la calle larga o mesones se escuchaba de fondo la marcha, miraba para atrás y observaba a ese Cristo, que nos perdona, meciéndose a esa música celestial que es su marcha. Ya he dejado claro que esta marcha la ubicaría en calle Cánovas del Castillo, Larga y Mesones, pero en definitiva es una marcha que no puedes ubicar en cualquier calle, porque es una marcha que en cualquier momento del recorrido semana santero se puede escuchar.
Pasa La Soledad (José Antonio Molero Luque) - Plaza Mayor, Viernes de Dolores. Por Pepe García Hortelano
“Pasa la soledad” es una de mis marchas de procesión favoritas sin duda alguna. Recuerdo estar de pequeño sentado en casa de mi abuela, en la calle larga, viendo las procesiones de semana santa que tanto nos gustan a los ciezanos, cuando una banda de la que no recuerdo el nombre, la tocó.
Yo llevaba unos 2 años tocando la trompeta y cuando escuche esa marcha, al principio no me llamó la atención, pero cuando empezó el solo de trompeta, se me puso la piel de gallina, e hizo que prestara más atención a la marcha. Afortunadamente para mí, la banda paró justo delante mio y la pude escuchar entera. Fue un regalo para mis oídos poder disfrutar de aquella obra de la que desconocía el nombre y pensé “yo quiero tocar esa marcha”.
Pasé mucho tiempo sin oírla, hasta se me olvido que la había escuchado.
Ingresé en la A.M. Averroes de la O.J.E. de Cieza y más tarde en la Banda de la Escuela Municipal de Música, bajo la dirección del que fue mi maestro, Francisco García Alcázar. Fue con esta con la que, en un traslado, hicimos un mini-concierto en la nueva iglesia de Santa Clara. Nuestro director nombró 3 marchas, una de ellas “Pasa la soledad”. Yo no conocía ninguna, pero cuando empezamos a tocarla pensé: “¿De qué me suena esta marcha? Al mismo escuchar el solo tocado por Antonio Campos, lo recordé. Era la misma marcha que años antes me enamoro en el portal de mi abuela.
El año pasado, en la O.J.E. se decidió sacar precisamente “Pasa la soledad”, y decidieron que yo tocaría el solo. Cuando me enteré me emocioné, porque tenía ante mí la posibilidad de tocar la obra que tanto me gustó hacía varios años. La marcha se estrenó el viernes de dolores del 2013. Durante el traslado estaba tranquilo, pero a medida que nos acercábamos a la plaza del ayuntamiento, me ponía más y más nervioso. Cuando entramos, la plaza estaba a reventar, lo que hizo que me pusiera más nervioso, ya que era la primera vez que iba a tocar mi solo favorito fuera de los ensayos.
En viernes de dolores, la Medina Siyasa y la O.J.E tocan una marcha cada una para meter a la Dolorosa en la iglesia. Empezó tocando la Medina, pero apenas les presté atención porque solo podía pensar en “Pasa la soledad”. Terminaron de tocar, la gente aplaudió y era nuestro turno. La marcha empezó a sonar y al oír las primeras notas, los nervios desaparecieron. Terminamos de tocarla y nos fuimos desfilando. Fue algo muy especial para mí. Desde ese momento, cada vez que escucho “Pasa la soledad”, me imagino en la plaza del ayuntamiento tocándola y, por así decirlo, cumplir un sueño musical que tenía desde hacía muchos años, tocar “Pasa la soledad”.
Mi querido Pasodoble. El Pasodoble de San Juan (Antonio León) - Paseo. Por Antonio Lajara García
La Semana Santa es un archivo mental de olores, colores, recuerdos, sentimientos…. que se van acumulando y conservando en nuestra memoria y que año tras año, allá por los inicios de la primavera, se vuelven a rememorar, haciendo que para algunos ese volver a nuestros recuerdos sea un acicate para seguir disipando años de nuestra vida.
Desde que tengo uso, de lo que se llama razón, no puedo recordar cuando la Semana Santa se cruzo en mi vida, no recuerdo ningún momento en que las procesiones las viviera como espectador, siempre he participado, y puedo decir que es gran parte de mi vida.
Como lo es “El Pasodoble de San Juan”, y así lo valoro. Esa bella y emblemática obra que el Maestro León compuso en los inicios del siglo XX para la cofradía del joven discípulo, y que desde su inicio a engrosado el impresionante patrimonio musical de Cieza y su Semana Santa, y es el que me marca el inicio y final de nuestra Semana Pasional.
A pesar de todos los actos, actividades, traslados, etc. Que año a año proliferan en los prolegómenos de nuestra Semana de Pasión, que la engrandecen y embellecen. Para mi, cuando realmente me doy cuenta de que estamos inmersos en los días más importantes del año para los Cristianos, es cuando oigo esas notas airosas, juveniles y desenfadadas del Pasodoble de San Juan por el margen derecho del Paseo, en la tarde de Miércoles Santo, en su traslado hacia la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción.
Miro al joven apóstol en lo más alto de su primoroso trono y parece que realmente esta andando y anunciando al pueblo que le contempla, fascinado por la belleza de la estampa, que se acerquen y vean, vean y descubran, si aun no lo han hecho, el grandioso patrimonio procesionista que nuestra ciudad atesora. En ese momento me viene al pensamiento la cantidad de generaciones, la cantidad de gente que cuando paseaban, a través de los tiempos, por ese centro neurálgico de nuestra ciudad que es el paseo, en esas tardes de principio de primavera, se habrá visto sorprendidas por las bellas notas que compuso el Maestro León. Cuantas personas que nos han precedido se habrán emocionado y reído y por que no, llorado, al ver las túnicas blancas en ordenado desbarajuste por nuestro entrañable Paseo.
Por otro lado, una mezcla de alegría, pena y desazón me viene a buscar, cuando en la mañana del Domingo de Resurrección, y esta vez por el margen Izquierdo, oigo a las tropas Sanjuanistas, que acompañan al bello paso, tarareando, y las más audaces, cantando, los acordes inconfundibles y reconocidos del Pasodoble
"San Juan, San Juan se va a caer,
San Rafael lo va a coger..."
Haciendo que el publico, ensimismado por el paso airoso del trono, haga suyas esas notas y aunque solo sea mentalmente, las cante, porque es el Pasodoble de San Juan una de las pocas piezas musicales que está el archivo intimo de TODOS y cada uno de los Ciezanos, sin embargo, para mis adentros, el oírlo esa mañana son el presagio de la conclusión y finalización de nuestros desfiles, y el cercano crujir de las puertas de nuestra envidiada Casa de los Santos en espera de otro año.
Y siempre recuerdo las palabras de una amante anónima de nuestras procesiones, que finalizando el desfile de un Domingo de Resurrección, y oyendo a un grupo de hermanas Sanjuanistas me dijo: “Dios quiera que el año que viene pueda volver a oír el San Juan, San Juan".