jueves, 10 de marzo de 2016

La Samaritana (José Gómez Villa) - Calle Cánovas del Castillo

La Samaritana (José Gómez Villa) – Cánovas del Castillo. Por Joaquín Caballero Segura

Tras esta iniciativa, pensada por y para nuestra Semana Santa, nuestro compañero Pascual López nos regala en su blog, a todos los amantes de la música de procesión, un hueco en el cual expresar todos nuestros sentimientos, vivencias y sobretodo momentos que ya son partes esenciales de nuestros desfiles.

Quisiera dedicar este año mis líneas a una marcha en concreto, dedicada a un paso en concreto, “La Samaritana”, no sé si seré la persona más apropiada para escribir sobre esta composición de Gómez Villa, pero vamos a ello.

Es Miércoles Santo, todo está a punto, casi al instante de arrancar el cortejo, el paso de la Samaritana se dispondrá a sobrepasar las puertas de nuestra Casa de los Santos, para los hermanos de esta cofradía, a la cual estoy orgulloso de pertenecer, sacar nuestro paso titular es todo un honor, es uno de los días grandes para nuestra corporación, todo tiene que salir de revista.
Todo está preparado, somos los primeros en mostrar al espectador el evangelio vivo de nuestras procesiones, con el vaivén inconfundible de nuestros anderos, las flores simulando la primavera ciezana, el elegante pino que le da movimiento a nuestro titular, las imágenes como teatralización de fe y sobretodo la música de procesión.

Calle Cánovas del Castillo, tras haber comenzado la procesión, sonará la marcha titular de nuestra cofradía, “La Samaritana”, estoy convencido que no es la mejor obra de su autor, quizás tampoco sea la más conocida entre los entusiastas de la música cofrade, pero para un hermano samaritano representa algo más, algo más grande que todo eso, representa 365 días luchando para sacar nuestras procesiones, horas incansables con el único propósito de poder estar más cerca de nuestros pasos, y sobretodo, esta marcha representa nuestra seña de identidad, la de seguir trabajando para un futuro mejor, en el cual podamos decir con orgullo, nosotros somos de la Samaritana. 

Por lo tanto cuando suene esta marcha, no solo por calle Cánovas del Castillo sino en algún otro tramo del itinerario, acordémonos de todo el sacrificio que nos ha costado llegar hasta aquí y que todo ese sufrimiento ha merecido la pena.

Joaquín Caballero Segura.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Callejuela de la O (Paco Lola) - Calle de la Libertad (Alcobendas)

Callejuela de la O (Paco Lola) - Calle de la Libertad (Alcobendas). Por Alberto Carabias

Seguramente lo primero que os ha venido a la cabeza al leer el nombre de la calle ha sido “esa calle no me suena” o “por ahí no pasan las procesiones”. Es normal, puesto que no es una calle de Cieza, sino de Alcobendas (Madrid). Cada  24 de enero nuestra AM Averroes de la OJE participa en la procesión de la patrona del municipio, y ya que vivo cerca, siempre voy a escucharles. Este año tuve la gran suerte de estar presente en el estreno de una de las marchas que añaden a su repertorio: Callejuela de la O, la cual estoy seguro escucharéis esta Semana Santa por las calles del casco antiguo.

En esta primera colaboración con el blog he decidido hacer algo diferente, seleccionando esta marcha y esta calle como muestra de que la Semana Grande de Cieza no solo está en Cieza sino que, gracias en parte a esta agrupación, se extiende por muchos más sitios.

Escuché por primera vez la composición del sevillano de la mano de la ya extinta banda de cornetas San Juan Bosco mientras, tanto la banda como yo, salíamos con los armaos. A pesar de tener su origen en una rumba, no se si por ese “estribillo” que todos conocemos, por el solo de trompeta o por otra circunstancia, me gustó como marcha procesional, aunque eso sí, la descartaría de una procesión tan solemne como la del Santo Entierro. 
Desgraciadamente, la disolución de la banda causó que dejara de escucharla en Semana Santa, hasta que al cabo de los años, la banda Sones de Pasión la estrenó y de nuevo la recordé, llamándome la atención incluso más que antes.

Volviendo a Alcobendas, los días previos a la salida estuve pensando en la posibilidad de escuchar alguna de las nuevas marchas que la OJE nos tiene preparadas para esta Semana Santa. Al llegar el día, unos amigos de la banda me dijeron que a lo mejor tocaban alguna, y así fue; en la Calle de la Libertad comenzó a sonar Callejuela de la O. Los arreglos de la agrupación y el característico sonido de las liras, unidos al especial aprecio que le tengo a la agrupación, hacían que sonara diferente, de tal forma que se te pone la piel de gallina al escucharla en directo. Os dejo el vídeo de ese momento para que lo podáis disfrutar tanto como lo hice yo.

Alberto Carabias Gómez

jueves, 3 de marzo de 2016

A la gloria (Miguel Ángel Font) - Basílica de la Asunción

A la gloria (Miguel Ángel Font) - Basílica de la Asunción. Por José María Cámara

Recuerdo nítidamente como hace dos años Viernes Santo por la noche acababa para mí la Semana Santa de 2.014, una Semana Santa que en cierta manera colmaba uno de mis objetivos, y quizás sueño, ser hermano de la Cofradía del Cristo de la Agonía. Ser hermano de esa cofradía, lo soy por su excepcional patrimonio, su tacto y buen gusto amén de serlo por amistad de la verdadera, en esa cofradía tengo grandes amigos que no han dudado en alentarme en momentos difíciles a coger una túnica negra y sentir como “Mektub” rompía la noche del Miércoles Santo, como “A ti Manué iluminaba el alma del cofrade en el Viernes Santo Ciezano o como Virgen de la Piedad” evocaba el final de la semana más esperada del año.

Fue hace dos años cuando tras una serie de trabas de la vida decidí que ya era hora de cambiar el morado Dormi por el negro de la Agonía, era hora de dejar guiones y estandartes y ser andero de Cristo, cirineo de la pasión y andero anónimo, era hora de disfrutar del anonimato que da el gorro de verduguillo que los anderos de la Agonía portamos en todas y cada una de nuestras procesiones. Tras una mañana de Viernes Santo sensacional llena de vivencias y amistad llegó la solemnidad de la noche, llegó el momento que decidí que pondría punto y final a mi Semana Santa desde ese año en adelante, la Procesión del Santo Entierro. En esa procesión la Cofradía del Cristo de la Agonía saca a la calle el magnífico grupo de Capuz, la Virgen de la Piedad, imagen a la cual no le tenía ni mucha ni poca devoción, pero que sin lugar a la duda a partir de aquella noche sería la imagen que más deseo cada año llevar sobre mis hombros.

Aquella noche recuerdo que llegué a la salida con uno de mis padrinos dentro de la hermandad, mi buen amigo Roque Belda, mi guardaespaldas aquel año de estreno, el del Centenario de la Junta de Hermandades Pasionarias por otro lado, recuerdo como me puse a buscar de un lado a otro donde situarme en el trono, situándome finalmente en la segunda vara del centro por la derecha, la vara de la luz, como algunos la llaman, a mi lado derecho un gran compañero como es el Cartero, y al izquierdo más de uno y dos emblemas de la cofradía, ¡casi ná!. Aquel año recuerdo como durante el otoño un hermano de dos Cristos, como dijo aquel pregonero, removió cielo y tierra en busca de las partituras de la adaptación para banda de música de la marcha procesional para agrupación musical A la Gloria, ¡Cuánto te debo amigo! Nunca imaginaria que esa marcha marcaría mi primera Procesión del Santo Entierro, y es que dicha marcha marcó esa noche desde el momento en el que el paso comenzó a caminar bajo las naves de la Basílica de la Asunción, la basílica se quedaba pequeña para los anderos que llevábamos sobre nuestros hombros a la Virgen de la Piedad, mientras la Unión Musical de Agost interpretaba A la Gloría, cuando comenzaron a sonar los bajos y el tambor marcaba el ritmo, mi mente voló y pese al cansancio de una Semana Santa intensa me olvidé de todo y me propuse sentir la pasión de Cristo desde mi posición privilegiada de andero y hermano de la Cofradía del Cristo de la Agonía.

Fue ese el inicio de una bonita noche donde aprendí a sufrir y a la vez disfrutar, donde aprendí que el verdadero sentido de hermandad se encuentra bajo las varas de un trono y en la compañía de personas que hacen todo lo posible para que estés lo mejor posible, fue una noche sensacional que nunca olvidaré y que hizo que a partir de aquel momento mi Semana Santa se pudiera resumir en un momento, la bajada de la Calle Mesones, los últimos metros de mi Semana Santa, últimos metros que aquel año fueron llevados con los compases de la marcha procesional A la Gloria.

Son las 23:30 h del Viernes Santo, todo ha acabado, dejo mi puesto de andero y me dirijo a seguir a mi Madre hasta el Sepulcro en el que se convierte la Basílica de la Asunción. En su recoleta capilla ni un solo día del año se separa de su Hijo amado, mientras recibe y espera las visitas y confesiones de los hermanos de la Agonía, que de nuevo en la noche del Viernes Santo iremos a buscarla para mostrarle a Cieza que no hay amor más grande que el que reflejó Capuz, para gloria eterna de los hermanos del Silencio y la Agonía.

José María Cámara Salmerón



jueves, 25 de febrero de 2016

Jesús Cautivo (Miguel Pérez) - Puente de la Aurora (Málaga)

Cuaresma inolvidable la de 1998. Jesús Cautivo (Miguel Pérez) - Puente de la Aurora (Málaga) por Miguel Pérez

Sin duda de mis marchas, la que arremolina más sentimientos dentro de mí es Jesús Cautivo, no sólo por la viva imagen en el Puente de la Aurora de mi Málaga natal, cuando lo imaginé aquella tarde soleada caminando con el vuelo primaveral de su túnica blanca, o el recuerdo de las hermosas palabras que dedicaba anualmente mi amigo Ángel Garó a su paso por el Hospital Civil por la mañana para visitar los enfermos, sino por todo lo personal que me ocurría en aquellos momentos en los que escribí esta pieza.

Enamorado perdidamente de una flautista, con la que ensayaba todas las tardes música de Piazzolla -música argentina que luego los fines de semana tocaba con un cuarteto de tangos en una conocida tanguería del Paseo de Reding de Málaga-, los vinos con mi amigo Fali y toda su troupe… Sin duda un año intenso aquel 1998, en el que, además, hice una gira nacional con mis primeras piezas minimalistas para piano, o músicos de la talla de la organista Pilar Cabrera o el trompetista Benjamín Moreno me encargaban piezas para estrenar en lugares tan especiales como el Auditorio Nacional de Madrid o la Catedral de Viseu con motivo de la Exposición Universal de Lisboa.

Eran días intensos aquellos, mientras daba alguna clase particular, acompañaba al piano a cantantes, y terminaba mis clases en el conservatorio. Dedicada a mi querido amigo José Luis Ramos, Pepelu, esta pieza obtuvo el Primer Premio en el II Concurso Nacional de Composición de Marchas Procesionales Maestro Perfecto Artola, y es para mí inolvidable el grito que unánime dieron los miembros de toda la banda de música a la que pertenecía, la Banda Juvenil de Música de los Colegios Miraflores y Gibraljaire de Málaga. Aquello se me clavó para siempre en mi retina. Luego, no menos inolvidable el recibimiento de mis compañeros en el programa Bajo Palio de Canal Sur Radio, que en aquellos años emitía en directo y que yo amenizaba al piano.

Qué noches aquellas. Cuaresma inolvidable la de 1998. Y su banda sonora, sin duda para mí, Jesús Cautivo.

Miguel Pérez




jueves, 18 de febrero de 2016

La Madrugá (Abel Moreno) - Calle del Cid

La Madrugá (Abel Moreno) - Calle del Cid. Por Sánchez Balsalobre

Al fin termina la cuenta atrás pero a la vez comienza la nueva. Han pasado muchos días del anterior Lunes Santo, mi lunes, el lunes de sangre, el lunes de azul y rojo, un lunes más pero no un lunes cualquiera, otro lunes Santo, otro lunes de sangre.

Sólo unos minutos restan para que volvamos a rezarte, a mirarte, a disfrutarte, a contemplar como los ojos emocionados de los que te admiran se iluminan a tu paso, como nuestros ojos se humedecen cuando la música se funde con nuestro balanceo al portarte, al llevarte al reencuentro con los tuyos.

Todo está listo pero siempre queda esa extraña sensación de que falta algo, de que nos olvidamos de aquel pequeño detalle para que ese paseo por tus calles sea igual de especial que el año anterior, el del próximo año o el de tu primer Lunes Santo.

Al entrar en el templo nos recibes en tu capilla, calmado, tranquilo, tus hijos vienen a tu encuentro. En unos instantes todo comienza y nuestros nervios aumentan. Todo tiene que estar preparado, todos en nuestros sitios y las campanas de tu Casa nos avisan de que todo está a punto de comenzar.
El estandarte de la Junta de Hermandades abre camino. Con paso firme y sosegado el de tu hermandad lo escolta y la procesión no ha hecho más comenzar.
En ese momento, nuestro hombro siente tu abrazo, los sentimientos aumentan, la música suena y nosotros comenzamos a disfrutar el momento. 365 días, ¡qué largo!, 8.760 horas, 525.600 minutos, toda una eternidad, pero ya ha llegado, ya estamos contigo.

Tras la primera estación, dejamos atrás los murmullos de la gente en la Plaza Mayor, los nervios de que todo esté en su sitio…
Nos adentramos en la calle El Cid, su estrechez y acogimiento se hace latente, solo el brazo del compañero apoyado en tu hombro hace que nos demos cuenta de que no estamos solos.

Tras el redoble del tambor, comienzan a escucharse los primeros acordes de una marcha fúnebre que no deja indiferente; de pronto, un replique de campana que nos evoca a una iglesia y, a continuación, una melodía que nos atrapa introduciéndose en nuestros corazones y haciéndonos, más si cabe, patente de la conexión  y fusión de todos los anderos con el Señor.

Después de tan dulce y suave melodía se escucha el estruendo, toda la banda musical acompaña al saxo, es cuando se produce el milagro, de repente, no somos conscientes del anda, todo se para, nos encontramos flotando en una nube, acompasados, emocionados.
El mecer del trono se funde a cada una de las notas de música y, a continuación, se cruzan el clarinete y el saxo alto, es cuando el tiempo se detiene, el trono no avanza, como si ninguno quisiésemos que acabara nunca esa noche, queriendo estar siempre unidos a él, recogiendo una a una cada gota de dolor, dulzura y sangre.

Toda la banda se une, con cada golpe de timbal y el coro de trompetas nos hace recobrar de nuevo la marcha, pero muy poquito a poco, muy despacio, lentamente sumergiendo todos nuestros sentidos en el momento más álgido de la marcha. En ese instante, cuando nuestros sentidos permanecen aturdidos y emocionados por la melodía, el badal golpea fuerte la campana,  la  llamada a todos los anderos hace detener el paso y la cadencia armoniosa del trono, un segundo golpe de campana, nos invita a posar despacito la canastilla en el adoquín manchado de cera roja, como si de la misma sangre derramada por Cristo se tratara.

Su sangre, la sangre de otro Lunes Santo, su Lunes Santo. Azul y rojo, incienso, emociones, melodía y no una más, la de La madruga que sirve de binomio perfecto entre nuestro Cristo y su Ángel. Entre su dolor y nuestra pena. Suenan las campanas y ya solo quedan 365 días para un nuevo reencuentro.

Abel Moreno, Gracias.


Sánchez  Balsalobre.


lunes, 15 de febrero de 2016

Via-Crucis, del Pretorio al Sepulcro - Calle del Cid.

Via-Crucis, del Pretorio al Sepulcro (Antonio Jesús Hernández Alba) – Calle del Cid. Por Antonio Jesús Hernández Alba

Una año más, el frío febrero nos abre las puertas de la cuaresma, trayendo al recuerdo mil momentos de ensueño cofrade. Y un año más vuelvo a este blog, a colaborar con esta iniciativa que tanto admiramos y apoyamos los semanasanteros.

Esta vez, la tercera para mí, se me ha presentado una gran dificultad a la hora de escribir pues 2015 fue un año pleno de experiencias y recuerdos de música procesional. Sin embargo, era inevitable que la elegida fuera esa marcha cuyo nombre llevo grabado a fuego en la memoria y el corazón. Se trata de “Via-Crucis, del Pretorio al Sepulcro”, mi ópera prima, mi debut absoluto en el mundo de la composición.

Surgió hace ya tiempo en mi la inquietud de componer, y componer algo que sonara en nuestras calles y plazas durante esa semana que llevo prendida al alma. En su origen, la marcha iba a estar dedicada a Santa María Salomé, la hermosa Santa que pone un punto de serenidad a la desconsolada noche de Viernes Santo. No obstante, cuando me acercaba ya a las últimas etapas de su composición, me di cuenta de que había volcado en ella un significado mayor que el de un mero personaje de esta historia. No quiero decir, ni mucho menos, que haya llegado a la altura de los grandes maestros de este género musical, aún me quedan muchas lagunas que llenar en mi aprendizaje; pero, a mi parecer, he conseguido transmitir un mensaje a través de la música.

Sigue esta marcha el típico esquema estructural de las obras de Gómez Villa. Comienza con una fanfarria de metales que introducen el fúnebre tema, respondida por un lúgubre eco: comienza el camino del Calvario. El tema, desarrollado por la madera, va creciendo hacia el “tutti” central de la misma forma que Cristo va avanzando hacia la cumbre, llegando con la tensión de este segundo tema, desarrollado ahora por los metales, hasta el lugar de la crucifixión, dando un último respiro de paz antes de la Muerte. Vuelve a sonar la llamada de las trompetas, anunciando la muerte del que es la Vida, ahora todo es quietud y serenidad en el sepulcro. La trompeta y el saxo dialogan sobre estos hechos, preguntándose si esto es el final. Pero no, aún queda la esperanza, Cristo resucitará con ese “tutti” final que reúne este último y dulce tema.

Fue el Miércoles Santo en la calle del Cid y en la calle Cadenas donde sonaría por primera vez para el público. Los nervios del momento y los “problemillas del directo”, como se suele decir, no me dejaron disfrutar del momento ni darme cuenta, como me doy ahora al volver la vista atrás, de que era algo mágico. Es una marcha, si, y para nada mejor que muchas otras, pero es una obra a la que había dedicado muchas horas de trabajo y en ese momento el Santo Cristo, principal devoción de los ciezanos, se mecía con su majestuoso paso al son de algo que yo había creado, y eso es lo maravilloso y mágico, y lo que hace que me estremezca cada vez que lo recuerdo.

Nunca podré dar suficientemente las gracias a mi director por confiar en mí y darme la oportunidad de estrenarla, y de escucharla y tocarla en procesión hasta cuatro veces esa Semana Santa.

Sólo queda ya despedirme y desearos que la disfrutéis tanto como yo lo hice al realizarla. Sin más, y esperando con ansia el Domingo de Ramos, se despide un servidor.

Antonio Jesús Hernández Alba.


jueves, 26 de marzo de 2015

Solemnidad (José Pérez Ballester) - Calle Cadenas

Solemnidad (José Pérez Ballester) - Calle Cadenas. Por Manuel Soler Piñera

Miércoles Santo Ciezano, 23:35, noche cálida. Un tema de los que hoy en día se conocería como un (Remember), una de esas marchas de las que conocemos de toda la vida. La clásica marcha que suena a semana santa de otras épocas, otros tiempos en los que incluso la luminaria de las calles era distinta a la actual, aquella más personal, más autentica.

Un inconfundible olor a incienso, una túnica roja y un capuz y una capa negra. Estrechez en la calle, y mi mirada se dirige hacia el típico portal del casco antiguo con amplia entrada desde el pórtico de madera de la calle, hasta la entrada retranqueada de la casa cuya puerta principal es de hierro forjado con cristaleras de color.

Obviamente es de noche, y como niño saboreo un rico caramelo, con total seguridad de fresa. Estamos en la Calle Cadenas, apenas metros antes de llegar al cruce de la misma con la Empedra.
Un mar rojo y negro de penitentes, una cruz guía iluminada con luz artificial, y al fondo de la calle, la querida imagen de nuestro Santo Cristo del Consuelo. Debido a mi situación en la procesión, escucho con total nitidez la banda del paso que antecede a mi tercio, la Magdalena, majestuosa en su caminar con su inconfundible manto de color verde. Suena una marcha, suena Solemnidad. 

Manuel Soler Piñera