martes, 8 de abril de 2014

Crucifixus (José Alberto Pina) - Rincón de los Pinos

Crucifixus (José Alberto Pina) - Rincón de los pinos por Sergio Piñera

La procesión del Santo Entierro en Cieza se da en una noche en la que todo andero de la cofradía de la Oración del huerto y El Santo Sepulcro espera con entusiasmo, pues son tales las emociones que se pueden llegar a sentir que ni la persona más sabia del mundo sería capaz de explicar. Probablemente la mayoría de lectores de este blog estén pensando en la entrada del Santo Sepulcro, pero no, mi mayor recuerdo del viernes en la noche trascurrió en el Rincón De Los Pinos con la marcha de procesión Crucifixus.

Estando todos los anderos, como es habitual, en El Rincón De Los Pinos esperando coger el relevo, me adelanté unos metros acompañado de un amigo para ver pasar la procesión, pues así haríamos la espera más amena. Empezaron a pasar infinitos nazarenos de "Los Dormis", cuando de repente una luz al final de la calle iluminaba todo a su paso. Era nuestro ansiado Santo Sepulcro, un año más nos reencontrábamos con él, en El Rincón De los Pinos. Pero este año no venía solo. Venía de la mano de la marcha Crucifixus. Mis hermanos cofrades empezaban a darse ánimo como si de la guerra se tratara, pues la noche de las noches había llegado.

Todos hablaban, recordaban viejos momentos, que como este día habían vivido, pero yo solo lloraba al ver que me iba a rencontrar un año más con el entierro de Jesús. No quería escuchar a nadie, solo disfrutar del momento, cuando de pronto una mano tocó mi espalda "Ya estamos aquí otro año más hermano".

Por esto cada vez que escucho esta marcha me traslado a aquella fría noche de 2012 donde creció en mí un sentimiento inexplicable por La Cama De Cristo, Crucifixus y El Rincón De Los Pinos.

Sergio Piñera

lunes, 7 de abril de 2014

Oremos (Ricardo Dorado) - Calle del Cid

Oremos (Ricardo Dorado) - Calle del Cid. Por Manuel Marín Rodríguez

Nuestro amigo y compañero Pascual, me pide que participe en su blog escribiendo sobre alguna anécdota o recuerdo que haya podido tener de alguna marcha de procesión, y lo haré diciendo que a pesar de que para mí Mektub es la marcha procesional por antonomasia, en este caso fue OREMOS, aquella marcha con la que por primera vez daba mis primeros pasos como músico tocando un Lunes Santo acompañando al Santísimo Cristo de la Sangre, a mi temprana edad de 11 años, cuando a los pocos metros de la salida de la procesión desde la Basílica de la Asunción, el desfile procesional se adentraba en la calle del Cid y comenzábamos a tocar esta marcha.

Momento en el que como bien me puedo acordar, sentía una gran satisfacción al verme tocando en la calle con una banda de música, y sobre todo, por haber sido en Semana Santa mi primera salida como músico, ya que de haber desfilado desde niño como nazareno, el de hacerlo como músico siempre fue el mayor deseo que me persiguió desde que comencé a tocar un instrumento. Sentimientos que en aquellos instantes conforme al transcurso de la ejecución de la marcha, me hicieron recordar a mis seres más queridos ya fallecidos, en especial a mi abuelo Francisco, “Paco”, quien a la salida del colegio a las 12, cuando todavía teníamos la jornada escolar dividida en mañana y tarde, me acompañaba hasta la antigua escuela de música de la calle empedrá para recibir las clases de mis primeros cursos de música. De aquí el hecho de que esta marcha haya quedado guardada en mi memoria tanto por recordarme la primera vez que salía como músico en Semana Santa, como a mi abuelo materno, quien de algún modo estuvo muy ligado a mi infancia y a los inicios de mis estudios de música.

Oremos es una marcha en la que simbólicamente queda reflejado el curso de la vida humana desde el nacimiento hasta la muerte, algo que he podido ver plasmado en cada una de las tres partes que conforman la estructura musical de la obra. No obstante hay que recordar que Ricardo Dorado fue uno de los compositores más representativos dentro de nuestro panorama musical cofrade, compositor de otras marchas tan conocidas como; Mater Mea, Cordero de Dios o Getsemaní, entre otras…

Manuel Marín Rodríguez

Toque de Oración - Plaza Mayor

Toque de Oración - Plaza Mayor por Alejandro Ortega

No sé muy bien por dónde empezar, quizás esta obra sea una de las más solemnes y que evoca más sentimientos por su carácter de despedida de la vida hacia la muerte o quizás a otra vida. Para mi representa un todo en la música, una muestra de que una vida sin música no es vida. Podría recordar muchas marchas de Semana Santa y todas tendrían un algo especial para mí, pero mi elegida es Toque de Oración, porque es uno de los pocos nexos que me quedan con el paso de los años entre mi abuelo y yo, ¿por qué? pues así comienza mi humilde historia semansantera en Cieza...

Desde niño, la afición musical de mi querido abuelo Pepe me hizo conocer tantas y tantas marchas de Semana Santa antes de que tan siquiera pudiera entonarlas, cosa que haría más tarde con la trompeta que él y mi abuela me regalaron allá por el 99. Era difícil no sentir en casa la semana santa, y es que cómo no sentirla viviendo en la ya desaparecida esquina del cocodrilo, dónde tantas mañanas admiraba a aquellos músicos que derrochaban arte por los cuatro costados, pero a pesar de todo, ninguna de aquellas marchas es mi elegida.

Esta obra ilustra muchos sentimientos, una mezcla de añoranza, tristeza pero también felicidad. Hace unos cuantos años, un 12 de Noviembre de 2006 (demasiados ya), mi maestro, mi mentor y sobre todo aquel que me enseñó todo cuanto sé de música, me dio la oportunidad de hacer de solista y además dedicarle esta obra a mi abuelo fallecido, José Ortega Rojas, al cuál consideraba tanto o más que un padre, acompañado de los mejores, de mi banda, de la banda de Escuela Municipal de Música dirigida como no por Don Francisco García Alcázar, mi maestro, el maestro.

Fue una mañana de noviembre y la recuerdo como si fuera ayer, es complicado de expresar con palabras pero algo mágico se creó en el ambiente de la grandiosa Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, mis compañeros y compañeras entonaron ese acorde mágico que marca el comienzo del solo de trompeta que me hizo levitar y estar más cerca de él mientras la vidriera principal de la basílica relucía como si de algo divino se tratase. Siempre le estaré eternamente agradecido por darme aquella oportunidad de mandar ese toque, ese solo de trompeta que él nunca pudo llegar a ver pero que tantas veces me susurró y como no también agradecer a mi banda por acompañarme en aquella mañana. Digo esto porque quizás la juventud no me permitió agradecer todo esto.

Unos años después volví a sentir lo mismo, esta vez fue en nuestra querida Semana Santa con la imagen de la Santísima Virgen de la Piedad esperando el toque de oración para que el hijo que yace entre sus brazos descansara en la Basílica la Asunción afincada en la Plaza Mayor de Cieza. Una vez más comenzó ese acorde místico que da paso al toque de oración divino que tuve la suerte de poder interpretar (de nuevo) y que mientras miraba fijamente el rostro de aquella mujer con lágrimas en sus ojos, mi cuerpo y alma se convertían en uno.

Como músico ciezano y semanasantero, las calles de Cieza en Semana Santa suenan a algo, tienen su sintonía propia, muchos rincones quedan por descubrir pero sin duda para mí la Plaza Mayor suena a Toque de Oración.
Gracias amigo Pascual por darme esta oportunidad de poder describir con palabras lo que con música siento, y sin nada más, os dejo un vídeo dónde he resumido esa experiencia que yo viví aquel maravilloso 12 de Noviembre de 2006.

“Oh Toque de Oración
que con tu melodía
despides a aquellos
que parten...
Oh Toque de Oración
que con tu melodía
devuelves al recuerdo
a aquellos que partieron”


Alejandro Ortega.

viernes, 4 de abril de 2014

El Prendimiento (Francisco García Alcázar) - Calle San Pedro y Plaza Mayor

El Prendimiento (Francisco García Alcázar) - Calle San Pedro y Plaza Mayor por Lourdes Ramos Lucas

Cómo todo ciezano sabe, no hay persona que no sienta algo de afecto por su Semana Santa, en especial por alguna de las marchas que tanto para unos como para otros simbolizan algún momento en concreto, algún lugar, algo que cada vez que la escuchas, se te ponen “los pelos de punta”.

Este es mi caso en concreto. Como cada Miércoles Santo en la noche, tradición que desde pequeños nos enseñan, desfilábamos con la imagen del Santo Cristo, donde mi madre nos vestía a mí y a mi sobrino, nos cogía de la mano y nos subía a la Iglesia de la Asunción donde mi padre me esperaba para ponerme delante de la imagen y poder escuchar a la Banda de la Escuela de Música, dirigida por el maestro García Alcázar. La banda interpretaba las marchas para que los anderos y la gente que esperaba a la imagen sentada en las calles, lo hiciera de manera satisfactoria. Pero era allí, delante de la esquina de la Casa de los Santos, casi llegando a su recogida donde la banda, mi ahora banda, tocaba “El Prendimiento”, donde con los ojos húmedos, mariposas en el estómago, y mis oídos puestos en esa marcha, me obligaba que al terminar me acercara a mi padre a decirle: “Papá, yo quiero estudiar música, a eso que me hace sentir tanto” a lo que mi padre me respondía: “Todo llega, pero lo conseguirás.” Y así es.

Llegaba Viernes Santo en la mañana, donde mi madre, cogía a mi sobrino y a mí, y nos dejaba en la Iglesia, y antes de salir nos arreglaba el cíngulo. Mi padre, me volvía a poner cerca de la imagen, para poder escuchar a la banda, que tras varios penitentes se oía a lo lejos por la Calle San Sebastián, pero era allí, aquel lugar donde sin saber cómo ni porqué, se me ponían los ojos llorosos al escuchar de nuevo, “El Prendimiento”, al volver a sentir esa sensación corriendo por mi estómago. Como todo Viernes Santo en la noche, al no poder desfilar niños, esperaba en la Calle Larga a mi hermandad, en la que desfilaba y desfilo ahora con mi banda. La esperaba a su paso y sentada en una silla al lado de mi hermana, donde podía escuchar algunas de las otras marchas, pero no obstante, al terminar la procesión por donde yo estaba sentada, corría de la mano de mi hermana por el Callejón de la Virgencica, y bajaba hasta la Casa de los Santos, donde por última vez podía volver a escuchar esa marcha, esa sensación, la última hasta el próximo año, la última vez que le podía repetir a mi padre la frase que seguro jamás olvidará.

Creo que he expresado lo que es para mí estudiar música, el orgullo que me hace hacerlo, y sobre todo, escuchar esa MARCHA, que para mí es algo más, “El Prendimiento”.

Lourdes Ramos Lucas

*(La Marcha de El Prendimiento de Francisco García Alcázar no está grabada, ni hay de momento vídeos donde se pueda escuchar, así que l@s curios@s que quieran escucharla, tendrá que hacer como relata esta entrada, y pasarse a ver la última marcha que interpreta la banda juvenil de la escuela de música de Cieza antes de que el Cristo del Consuelo se recoja, en la calle San Pedro y Plaza Mayor)*

jueves, 3 de abril de 2014

Adagio de Albinoni (Remo Giazotto) - Calle Cadenas

Adagio de Albinoni (Remo Giazotto) - Calle Cadenas. Por Samuel Buitrago Rodríguez

Cierto es que no soy músico, y mi experiencia no va más allá del inicio de la saeta con la flauta dulce(algo es algo), pero no menos cierto es que considero a la música una parte fundamental de mí, que me ayuda a evadirme en momentos de angustia, y a encontrarme ante la inmensidad, que me calma cuando todo es negro y me acompaña en horas de soledad. Si empezase a hablar de instantes mágicos en la Semana Santa tal vez me tomarían por loco; “la madrugá” en la calle Angostos durante la eterna noche de Viernes de Dolores, “al señor de Sevilla” cuando aparece en el pórtico de la Asunción el Santísimo Cristo de la Sangre llegado el Lunes Santo, el solo de “a ti manué” tras el Cristo de la sed una radiante y soleada mañana de Viernes en el repleto ciezanísimo Paseo… Demasiados que contar, y algunos que por entrañable egoísmo deseo guardar.

Sin embargo, no les voy a hablar de una marcha; el compositor de esta pieza jamás imaginaría que melodías salidas de su corazón, tomando después forma con suaves notas en su cabeza, darían personalidad y formarían a su vez una conjunción perfecta con la noche de las noches para los ciezanos que sentimos dentro la magia de las procesiones. Es madrugada de Viernes Santo, y en la distancia, la torre de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción reclama la presencia de un cristo agonizante que nunca muere; tres campanadas, una por cada uno de los clavos que desde hace mucho le sostienen sobre una muerte anunciada, y a pesar de todo, en la calle Cadenas apagada, sigue alumbrando vidas tan solo con su mirada. Son pocos los que quedan en el tramo final de la carrera, y es allí donde se mantienen las conversaciones más profundas, precisamente en el silencio de la intimidad…
Qué solos estamos, señor, entre tanta gente.
Y es allí donde suena, donde el cansancio no supera a las ganas, donde el silencio y la oscuridad ofrecen una verdad que solo rompen los cuatro faroles de plata que alumbran al Santísimo Cristo de la Agonía con tibia luz, y donde le acompañan endulzando sus anhelos los violines que interpretan el Adagio de Albinoni. Yo le espero donde siempre, en aquella esquina que cruza con Calle Empedrá, apoyado en la pared cansado tras haberle cargado junto a mis miedos y mis dudas, y otro año más, qué rápido pasa por mi lado, que en un suspiro, antes de parar el tiempo, ya se ha marchado.

Esta pieza se repite en varios puntos durante el recorrido, pero cobra mayor dramatismo si cabe precisamente allí, en la Calle Cadenas, dónde los hermanos de la Hermandad disfrutamos la procesión un poquito más, porque todo ha salido bien, y la tranquilidad aflora de nuestros inquietos corazones. Salí por primera vez como nazareno en esa procesión en el año 2007, después de verla desde el asombro de la infancia durante muchos años, para al siguiente, 2008, disfrutarla como andero, y hasta hoy. Siempre he tenido la suerte de tenerle cerca, y si incomparable es la procesión, incomparable es llevarlo sobre tus hombros con el Adagio. No me avergüenza reconocer que he llorado en esta procesión y en otras muchas, de alegría por todo lo sucedido, y de dolor porque se pasa tan rápido como se pasa lo intensamente vivido. La Semana Santa está llena de momentos mágicos que compartir, y espero que tengáis la oportunidad de disfrutarla y de vivirla, mínimo, tan intensamente como yo.
Un abrazo.

Samuel Buitrago Rodríguez

miércoles, 2 de abril de 2014

Semana Santa Ciezana (José Gómez Villa) - Calle Larga

Semana Santa Ciezana (José Gómez Villa) - Calle Larga por Joaquín Molina Ruiz

Me siento algo extraño escribiendo estas palabras, por el hecho de no ser Ciezano, aunque todo hay que decirlo, me siento un ciezano más cuando se trata de semana santa.
Son muchos años ya los que soy participe de la Semana Santa de Cieza, tocando con varias bandas, en varias procesiones (por no decir en todas), por lo que puede parecer raro que un Abaranero se conozca las calles y lugares de las procesiones de Cieza como uno más... pero así es.

El escribir en el blog de Pascual es bien sencillo, se titula “Emociones y música en las calles de la Semana Santa de Cieza” y yo personalmente me siento superidentificado con este título, ya que mi vida desde muy pequeño gira en torno a la música (cada día que pasa más) y al hecho de querer sentirla y emocionarme con ella, por eso una de mis épocas favoritas es la Semana santa, donde disfruto enormemente desfilando con mi asociación (Asociación músical juvenil “No Tenemos Prisa”) por las calles de Cieza desde hace ya varios años.

Con esto que he comentado, me resulta muy difícil hablar de una marcha en concreto, ya que para mi cada marcha procesional transmite algo diferente y llega de manera distinta a la gente. Comparto con el maestro Francisco García que la marcha que mas me emociona y me llena al escuchar e interpretar es “MEKTUB” (estaba escrito), pero en este caso voy a hablar de otra marcha, que para los Ciezanos en Semana Santa (me incluyo) es algo de lo que se sienten enormemente orgullosos, de su “SEMANA SANTA CIEZANA”, del maestro Gómez Villa.

Es una marcha que yo nunca antes había escuchado y menos tocado. Fue el primer año que toqué en Cieza en sus procesiones, hace ya unos 6 o 7 años mas o menos, cuando en la calle larga (me acordaré siempre) pusimos esta marcha y yo la toque por primera vez, tocando su famoso solo de trompeta. Al terminarla comenté con algunos compañeros que esa marcha no me decía nada, no me llegaba a transmitir nada en comparación a otras marchas como Mektub, Jesus cautivo, Hosanna in excelsis, La cruz de doble brazo... etc. Pero no sé porque, a los días volví a tocarla, en la misma calle... y ya no fue lo mismo. Fue cuando me di cuenta de lo que significaba la semana santa en Cieza para mi, por lo que no puedo evitar acordarme de ese momento cuando alguien habla de Semana Santa, el momento de jueves santo el estar interpretando esta marcha por esa calle estrecha, tocando su solo de trompeta bajo el tenue acompañamiento que realiza la banda al solista; Es por lo que intento que todos los años se interprete en el mismo sitio, siendo para mí una marcha especial y mas siendo trompetista.

Una vez un compañero me escuchó tocar ese solo y me dijo: Has tocado genial, pero no creo que pudieses tocarlo como lo tocaría o sentiría un Ciezano... Con el paso del tiempo me di cuenta de que eso no era cierto.

Joaquín Molina Ruiz

martes, 1 de abril de 2014

Jerusalén (José Vélez) - Calle San Sebastián

Jerusalén es mi marcha favorita de semana santa, la conocía de escucharla cuando de pequeño desfilaba con la Verónica, pero la marqué como mi favorita el día que la toqué con la banda por primera vez. La imprescindible en cualquier repertorio, y por mucho que pasan los años y descubro marchas nuevas, esta sigue siendo mi preferida. Es sin duda la marcha que más me ha puesto los pelos de punta, ya sea tocando por la calle o en un concierto. Y me trae a la cabeza montones de recuerdos.

Es una marcha de José Vélez, compositor calasparreño muy cercano y muy conocido, que ha compuesto tres marchas que llenan nuestros repertorios de gran calidad, y las tres gustan mucho, “El evangelista”, “Jerusalén”, y “La caída”, y este año una cuarta, “Mesopotamia”, que se estrenó hace apenas unos días. Gracias a mi director Paco, tuvimos la suerte de conocer a José Vélez, incluso que nos dirigiera en alguna que otra ocasión, como en un concierto en la pequeña iglesia del convento de las monjas claras de Cieza. Para un enamorado de sus marchas, que con dieciséis años te dirija el maestro José Vélez fue como un sueño hecho realidad y todavía tengo colgada en mi habitación una dedicatoria suya.

Sería incapaz de quitar esta marcha de algún día, me gusta mucho, como he escrito antes, para mi junto a Semana Santa Ciezana, Cristo del Perdón y alguna más, es de las imprescindibles en cualquier repertorio de banda que desfile en nuestra semana santa. Creo que es una marcha para que sobretodo se interprete en calles medianamente anchas, mi lugar preferido para tocar Jerusalén es en la calle San Sebastián por las noches. Es el sitio donde más la he tocado, y es donde más recuerdos me vienen a la cabeza, exagerando los matices para remarcar las tensiones, marcando el paso bien fuerte cuando a la vez soy con la tuba, el que va marcando el ritmo de la banda, y casi bailando (eso lo conoce bien mi compañera y amiga Paquita) mientras camino acompañando las preciosas melodías que van apareciendo.
Es difícil olvidarte de lo que pasa alrededor mientras vas desfilando con 50 compañer@s más y con mucha gente que está sentada viendo la procesión y te mira cuando pasas por su lado, pero a mi es lo que más me gusta hacer. Interpretar junto con el resto de la banda pero como si estuviera solo, cerrar en ocasiones un poco los ojos y olvidarte por un momento de todo, paso firme en los fuertes, y balanceo en los suaves, volar tus pensamientos al aire, y tocar como si tocaras Jerusalén por última vez. Marcha cañera donde las haya, para disfrutar desde dentro y desde fuera, para que te lleve, donde la música te quiera llevar. Si la interpretación es buena, los pelos de punta están asegurados.

Se me queda corto expresar lo que me regala esta marcha, pero creo que lo mejor es escucharla, y que cada uno la defina como buenamente pueda. Yo dudo que alguna marcha pueda desbancar la que es y ha sido mi favorita desde siempre.

Pascual López Sánchez